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Full text of "El voto de America: O sea breve examen de esta cuestion:..."

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COLLECTION ON CUBA 

FROM THE GIFT OF 

ENRIQUE DE CRUZAT ZANETTI 

(Class of 1897) 
OF NEW YORK 
OCTOBER I, 1906 






Si vote ájL mvyjuxjjui^ 






(P 



EL yOTO 

DE AHERICA, 

OSEA 

BREVE EXAMEN 

DE ESTA CUESTIÓN: 

¿GOHBSarD&A o so A Z.A8 XUETAS REPÚBLICAS DB AMBBICA. 
APBBSUBAB BI. BBCOVOfJlMIBlfTO DB SU IJTDBPBSrDBirClA, BB- 
TIABDO BMBAJAÜOBBS A LA GOBTB DB MADBID? 

ESCRITO 

POVL JOSÉ RIVERA IND^ICTE. 



PUBLICADO EN BUENOS AIRES. 



yon modo st'mu feotes, ted bella quoque 
fimuntur. Fulgatum íllud^ qma ^e» 
irum ese, in prxyverhitmi venie.-amicí» 
tías immortales , inimicitias mortales 
esse deberé. Tito Livio. 



SEGUNDA EDICIÓN. 

MADRID: EN LA IMPRENTA REAL 

1835. 



SA (, ^,3 5^ 



OCT 1 1906 

íar/aríí Oollege Iilbrftry 

Gift of 
■E. de O. a lefctí 
■:."e Yctt, 



A LA PATRIA D^ /MIS PADRES. 



.U% madr^de mU.9Qtepasisi4o99 pap*ia del heroís- 
mo ^ .balitarte de Ja rlbligíoiay cuqs^ d^ U libertad, á 
tí| ó. EspaoAy diedioQ e^s ipal traz^sidos apuntes, £1 
extenso mar t4|ue nossepar^ no^s tan poderoso que sea 
.capai de desatar' loaila?^ que; pne unen á. ti. Sin cono- 
certe te amo y sin conocerte de&en,dQ tu causa, y pro- 
curo abraces ¿ tua. hijos. loa. 9tmi^]:ic£^no& 
-' , A tí lbs»dedico5 i tí; que-rTiy^s .venturosa bajo el 
ibiperÍQ de laSoberana mas sabia del universo. 
'. I Emaxicipados los americaqiQS. te amarán con tanto 
mas; ardor, cuaiHo su carino será efecto de la libre 
volpntad. Te conaid^raráu como á la primera y mas 
iavcirecida de las Ilaciones; y el fúnebre crespón que 
por tantos añós: has vestido será al fin reemplazado 
por: loa colores dé la alegría y de la felicidad. 



AL EXCMO. SR. SECRETARIO DE ESTADO , 
D. FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA. 



Excmo Señor : estos mal redactados apuntes no 
tienen ninguna de las bellas prendas , que hacen de 
los escritos de Y. E. «1 modelo de la buena locución. 
Su mérito estriba únicamente en ser un cuadro fiel de 



lo que se piensa en America, y ele W manejos que 
emplean ios agenten del jextrangerq para alejar el 
momento venturoso en que españoles y americanos se 
den un abrazo fraternal. 

Y. £. esta destinado á ser el primer político de su 
siglo, cómo ha logrado ser üiibde'sus primeros y mas 
ilhstres litcihütck' El nombramiento Úe "V. £• para el 
Ministerio de EstaJo, fiie un rayo ék esperanza, que 
Tolvit5 lá pterdida' alegría- á-Españá^y: jLmérica; y to- 
dos cohfiati" eñ que V. E. haril amanecer el' día' de paz 
y de reconciliación. ' -' ■ . i 

¿Y á quién mejor que á V. É. podría dirigir mi 
folleto? ¿ A quien mejor suplicaria que se dignase po- 
nerlo *á los pies de la Soberana que ha salvado á la 
España? V. E. qué'á' la simple insinuación de un co- 
merciante de Moútévideto^ contestó con una franqueza 
que recordara lá historia con admiración, y que {$re- 
scntará' por modelo á' lodos los hombres de Estado, 
¿por qué lio admitirá con benignidad el respetuoso 
pee! id j de un- aróeriéai^o ansioso 'dé lai^páz y Üe la 
unión de americanos y españoles? 

Dios guarde la vida de Y. £. para la felicidad de 
ambos" mundos. . . ^, 

'^ ^ ExcMó' Sénor : --:: .. •: .<i 



EL TOl» DE AnERIGA. 



H. 



Uy ciertos hombres que, á todo trance, quieren 
prolongar el entredicho en que estamos con España. 
Para llevar á cabo su siátema, inventan razones , for- 
jan sofismas, adulteran hechos y halagan las ideas de 
la multitud irreflexiva. Es preciso confesar que sus 
esfuerzos han abierto una ancha brecha en la opinión 
pública que hasta ahora poco habia estado uniforme 
á este respecto. Dificil seria averiguar el móvil de su 
empeño; pero es prudente creer que en los mas sea 
un buen deseo, extraviada por las sujestiones pérfidas 
de los agentes de algunos potentados extrangeros, que 
ven en k España un concurrente peligroso á su co- 
merda Es necesario combatir principios tan pernicio- 
sos; y yo me encargo de este útil trabajo, pues que 
nadie le quiere echar sobre sus hombros. Lo hago con 
tanto mayor placer, cuanto es al defender la causa 
de la humanidad, defiendo también la de los intere- 
ses de America. 

Mi ejemplo animará á otros mas hábiles que ya 
Aleccionados con mis errores, participando de mi en- 
tusiasmo, ellos combatirán con la energía que inspira 
una buena causa á los defensores de la guerra, y el 
deseo -de la paz, unido al convencimiento de las ven- 
tajas que ella proporcionaría á americanos y á,esj>a- 



. (6) 

ñoles, podrá mas que las malas artes de la envidia f 
que los sofismas del codicioso extrangera 

Ocasión oportuna -es esta de deplorar el funesto 
sistema que siguieron por diez años continuos los opre« 
sores de la España» Concluida con la victoria de Aya- 
cucho la ultima esperanza racional que podia tener 
la Hspaña de reducir á su antiguo dominio sus ex» * 
provincias de América , debió cesar la guerra atroz 
que ^durante catorce años, habia enlutado las fami- 
lias y yermado las campiñas mas privilegiadas del 
Universo. No lo quisieron, empero, los partidarios 
del bando fanático que rodeaba el trono EspañoL 
Pugnaban porque las escenas de exterminio que afren* 
taban á España se reprodujesen en América, y se em« 
peñaban locamente en que los hombres que habian 
adquirido su libertad, volviesen á la degradante con* 
dicion de siervos* La expedición de Barradas y otras 
tentativas parciales sobre las costas de América , frus* 
tradas siempre, lejos de desanimarlos, fueron podero-^ 
sos incentivos para que formasen nuevos complots y 
nuevas esperanzas* 

Pero no hay que admirarse de que los absolutis- 
tas de España, procurasen recolonizar á la emancipa* 
da América, aun á costa del total aniquilamiento de 
sus habitantes. España les habia visto nacer, en Espa* 
fía habian pasado los primeros años de la vida, á Es- 
paña débiañ su bien estar , y sin embargo hicieron de 
k desgraciada España el teatro de sus crímenes* Apa* 
^aron en ella la antorcha de las ciencias, y encendie- 
ron lá hoguera de las per^cuciones y de las vengan* 



^8. La inquiócion con todos sus horrores reapareció 
á su voz, y el genio y el patriotismo expiaron en hor* 
cas ignominiosas su envidiada superioridad , ó gimie- 
ron en la tierra extrangeta con los padecimientos de 
la proscripción. 

Extraño este partido á la prosperidad de la Espa- 
ña , era enemigo del comercio y de las luces, y para 
él era preferible que la América mantuviere un eter- 
no entredicho con la España » á que unida con ella 
por la paz y las relaciones de amistad, la comunicase 
sus principios liberales. América esclava o muerta era 
el lema de los hombres desnaturalizados, que dirigían 
la política de nuestra antigua madre Patria. 

Mas estos no eran los votos de la nación Española. 
£1 alucinamiento de los pueblos es momentáneo, y la 
razón se enseñorea con mas rapidez de la masa total de 
los espíritus, que del entendimiento del .individua 
Los españoles supieron, antes que sus déspotas, lo 
que convenia á la nación, y mas de una vez, el eco 
de sus quejas resonó en las bóvedas del palacio de sus 
reyes. Todos ponderaban la necesidad que habia de 
libertad y de paz; pero los que proscribieron á la pri- 
mera , condenaron también á la segunda ; y la opi- 
nión gimió silenciosa bajo el yugo del &natismo y de 
la ambición. 

¡Hombres funestos! Vosotros J^abeis sido el origen 
de los males que lloran los pueblos de Europa y Amé- 
rica. Vuestro fanatismo, vuestra infernal codicia hicie- 
ron dos naciones de los individuos que formaban una 
sola familia; y no contentos con espectáculo tan cruel. 



(8) 
OS empeñasteis en que el hermano aborreciese eterna^ 
mente á su hermana Vosotros armasteb el brazo del* 
padre para que derramaré la sáíígre del hijo: vosotros 
quisW^is guerra,^ quisisteis ^ngre y prolongasteis la 
guerra sin objeto alguno. [Ojalá alguna vez gustéis de* 
las duhuraá de la paz y de la libertad! £1 remordi- 
miento se apoderará de Vuestros corazones, y os ense- 
ñará todo el horror de los tormentos, á cuyo rigor su-' 
cumbieron tantas víctimas inocentes. 

Los españoles querían la paz (1 ). Bien lo probaron 
én 1823, cuando á pesar de tener en América un ejér- 
cito poderoso que era dueño del Alto y Bajo Perú, en- 
viaron á las ciudades dé los independientes, comisio- 
nados para ajustar las bases de una paz hourosa. Las 
condk;iones eran quizá onerosas^ pero si se atiende á 
las circunstancias en que se hallaba España en aque-* 
lia coyuntura, á la escasez de informes circunstancia- 
dos y verídicos sobre el estado de las provincias ame- 
ricanas, y al influjo que ejercían en todos los ángulos 
de la £uropá, los principios antiliberales, se adverti- 
rá que los españoles procedieron en el envío de comí-» 
sionados con la hidalguía que les es característica. Nó 
es esto negfeír que -la guerra Con América, haya tenido 
¿n fa 'Metrópoli adictos iiitmerosós. Los tuvo, pero so^ 
lo á los principios, cuando no se sabía ni el carácter 
ni la extensión, ni ét objeto de la insurrección; cuan-» 
dó sé, juzgaba que los patriotas de América eran sola- 
mente años pocos mal avenidos con el orden: cuando 
se creia , en fin , qué los naturales detestaban la revQ^ 
lucion, y que bastarían ItlgútiOs batallones de tropai 



(9) 

regladas para restablecer la pública tranquilidad. Mas 
desde el momento en que se conoció la naturaleza de 
la insurrecóiotiy y«se supo que contaban sus caudillos 
con la mayoría de los americanos ^ la guerra fue mira- 
da por los españoles con aversión y lypugnancia. Con 
tales disposiciones ha mucho que la paz se habria cele- 
brado: pero el partido del fanatismo y de la opresión 
se negaba á reconocer qué el pueblo es soberano; to-* 
do lo sujetaba al derecho divino de los reyes, y dar 
nn abrazo fraternal al hombre libre, era para ¿1 un 
acto aborrecible, porque estaba en diametral oposi- 
ción con las bases de su sistema tenebroso y anti-so- 
cial. El pueblo español es muy distinto en los tiempos 
de libertad, de cuando vegeta en la opresión y en la 
ignorancia. . En el primer caso es liberal, ilustrado y 
humano: en el segundo, es, como todos, pruel, igno- 
rante y supersticiosa El pueblo español , libre, hace 
gala de sus nobles sentimientos; esclavo, calla y lima 
8u cadena. Entonces sus tiranos abusan de su nombre 
y le atribuyen delitos de que ellos son exclusivos au- 
tores. 

Hoy la nación española es libre. Tiene á su frente á 
una Reina sabia y liberal .Los hombres mas eminentes 
por sus talentos y virtudes la rodean, y la civilización 
y la prosperidad se desenvuelven por donde quiera 
que no pisan los famélicos soldados de D. Carlos. 

Amada de su pueblo, la Soberana de España se 
presenta fuerte por el poder de opinión que la rodea: 
simpatizando en ideas con las potencias que lindan 
con sus Estados, tiene en cada una de ellas un auxiliar 



(10) 
poderosa Esu reina magnánima ha autorizado á un 
ministro, cuyo nombre es una garantía parala liber- 
tad , para que intite á la paz á las repúblicas Sud- 
Amerícanas , y cpn este paso que tanto aumenta sus 
glorias y se prepara á segundar las ideas del Pueblo 
Eqiañol, y á compleur la felicidad de ambos mundos* 
Los hombres que forman ese partido antisocial 
que quiere la prolongación de la guerra^ se empeñan 
en persuadirnos que debemos menospreciar esta gene- 
rosa invitación, y dejar que la España reconozca o no 
según mejor le parezca, nuestra Independencia. Bien 
saben ellus, que este menosprecio y esta indiferencia, 
equivale á arrojar un guante de desafio á la nación 
Española. Aquel pueblo pundonoroso no podría tole- 
rar en paciencia que se le ujitrajase, y oWidaria todo 
lo que vale la paz , para recordar que se ajaba su 
amor propia Las cosas seguirían en el esuido en que 
se hallan, y el entredicho y los males que de ¿1 se 
ocasionan serian tal vez eternos. 

¿Pero por qué este menosprecio ? ¿Ppr que esta 
enemiga? ¿Los que nos abren los brazos son por yen- 
tura los monstruos que decretaban nuestro exterminio, 
o las nobles víctimas que deploraban, á la par que 
nosotros, las violencias de la tiranía? ¿Nuestros magisr 
trados, nuestros generales, nuestros publicistas no han 
repetido que la guerra que sosteniamos no era con el 
Pueblo Españoly sino con ms opresores (2)? El Puc' 
61 o Español ha roto sus grillos y el Pueblo Español 
nos habla. ¿Por qué se quiere que desoigamos su voz? 
.¿Por qué que contradigamos lo que antes dijimos? 



(il) 
¿P(^ qa¿ que prosigamos aborreciendo á los qae pro* 

meten ser nuestros amigos? 

x»La guerra es lícita cuando hay derechos que sos- 
tener, y cuando existe |in adversario que se niega á 
reconocer W (3). Y en nuestro caso ^ ¿qué derecho 
nos asiste para hacer la guerra? £1 que autes se repu* 
taba nuestro enemigo ¿no nos convida á allanar obs* 
lóculos y dijipultades para llegar proniamente d la 
paz? ¿Nuestra independencia no está á punto de ser 
reconocida , desde que asegura el Ministro Español 
que su Magestad la Reina Gobernadora NO EXCLU* 
.Y£ BASE ALGUNA) y qae su voluntad es tratar d 
todas las Repúblicas por igual? ¿ Qué se pretende 
conseguir con la prolongación de la guerra? ¿En qué 
se funda la conveniencia de esta prolongación? En ri» 
. dículos sofismas» »»»... en nada otra cosa que sofismas. 
liOs examinaré por su orden. 

PRIMER SOFISMA. 

X» América nada gana con que la España la reco- 
-ttnozca independiente y y esta por el contrario tiene ua 
. linteres muy marcado en hacer el reconocimienta" 

Para probar que no debemos hacer la paz , no 
basta decir que nada ganamos , sino que perdemos en 
prestarnos á ella ^ porque desde el momento en que la 
posesión de este precioso don no perjudica al hom- 
bre , él debe apresurarse á obtenerla Pero no es exac- 
to que "nada ganemos con la paz: ganamos^ y mucha 
1? Con el reoonocimientQ de la España queda 
nuestra independencia asegurada por el hecho y por 



él derecho. No quiero decir, al asentar esta proposi* 
cien, que no tuvimos derecho para próclamai*n6s inde^ 
pendientes. Lo tuvirnos : porque fortníábamos ún'pue- 
I)Io, y un pueblo puede alterar, siempre que mejor 
le acomode, su estado político. Nb hablo en este senr 
ttdo. Los reyes de España alegaban tener derecho pa- . 
ra volver á su dominio á sus ex-oolonias de América, 
y las potencias que nos han reconocido independien- 
tes se han guardado bien de entrometerse á clasificar 
si los pretendidos derechos de los Monarcas ^Españoles 
iBOn 6 no fundados: su reconocimiento no se refiere 
mas que al hecho existente , y bajo protestas que de- 
jan á salvo, á los Reyes de España, la facultad de aK 
terar este hecho toda vez que puedan hacerlo. Si nos 
reconoce España independientes, nuestra independen- 
cia será de hecho y de derecho^ y como entonces no 
perjudicarian los demás estados soberanos á ningún 
tercero, reconociéndonos un derecho confesado por 
los mismos que nos lo disputaban, agregarán esu nue- 
^a é importante cljáusola al acta de su reconocimienta 

Desde que seamos independientes de derecho na- 
die será osado á alterar el hecho de nuestra indepen- 
dencia, sopeña de excitar la indignación de las na- 
ciones civilizadas, quienes, en el sistema actual de su 
poh'tica han adoptado por regla de conducta no per- 
mitir que la independencia de un pueblo desaparez- 
ca, porque lo quiera asi otto de mas fuerza. 

Se dirá que no hay miedo qué los reyes de Espa-- 
lía puedan sojuzgarnos, atendido el estado" dfe impo- 
:íliicia en que se hallan. Esta impotencia no es como 



(13) 
se pondera, ni les^irhra de invadir, nüeatro.t^^orío 
y renovar en él los h^nxipres cíe la guerra.. W^ siapo^ 
niéndola efjsctiya, ella; puede d^parecer por ^ucesp^ 
que nada tienen, de imposibles^ ni de extraordiBariof. 
Si las nuevas Repúblicas americanas caen en anarquía 
y siguen en ella inconstituidas, no,es difícil que 11^ 
giien á estado de tal postración, que sq resistencia se^ 
jnuy poca ó ninguna á los que intenten arrebatarlas 
su independencia. 4 

2? España está en camino de aumentar su mari- 
na y su ejército, solo necesita que un genio dé direc- 
ción á los inmensos recursos de que ella puede dispo- 
ner; y si, por desg^cia, del género humano, llegasen 
^«triunfar en Europa los principios absolut^tas^ no 
feltarian Monarcas que la prestasen ^soldados y dinero 
.para que prevalida de los derechos que alega, propa- 
«gase el absolutismo , en los nuevos Estados de. Sud- 
.América. 

Podral decirse, que si se supone á las Américas en 
.el estado de no poder. resistir á una' invasión de tro- 
j)asextrangeras, aunque estuviera reconocida /¿ dere^» 
jcho por la España, la invadiría cualquiera para dorni- 
jdarla. Mas ya, dije antes el sistema .gue. rige ^¿. las po- 
.tencias europeas. Ellas pod^rian conseptir que España 
recolonizase.á^An^é^ica, pe^.ño que otra^que pp fuese 
.España la ,inyadiese,. Su política en este> pupto es muy 
estricta. Ademas ,^ la. gu^e^^^tonces ferja.de puro sal- 
teamiento; y>se,sal^ qye es muy importante quitar á 
Jos invasores prégalos qiu puedan alegar con suce^ 
so{S). 



tlfcía véii Kfeéhá'lá pan con España. . . ¿ . . una* Tez 
'establebidas las relaciones de comei^ió , y que sabo- 
"réasen áinericanós y españoles las delicias dé la ifrater- 
iiidáiil'.'. . i-, no seria taréá f&cil restaurar el esliado 
^áé riiála intéligehcia , y hacer que se asesinasen nueva- 
'emente los que se hubiesen dado lá maño ele amigos; 
porque hay ciertos intereses que afectan demasiado á 
los pueblos para que puedan arrebatái^seles con impu- 
nidad. * 

3? Con él reconocimiento' de EspáSa desterramos 
nn ínotivb de zozobra y de gastos. Cadk locura de los 
absolutistas nos cuesta ingentes áümas. Recuérdese lo 
que nos importó' el solo anuncio de la expedición de 
Abisbaí^ y lo que costó á Méjico la de Barradas, La 
cuestión presente debe tratarse , i^o como cuestión del 
pueblo A. ó del pueblo B. sino como cuestión america- 
na. ¿Y quién que esté instruido de Ib que ha pasado 
desde la hora en que juramos ser independientes* de 
la corona de España hasta nuestros dias, no sabe que 
Goíitinuamente ha estado amenazado eáté anaquel pun- 
to de América? ¿Quién ignora, que esto ha impou- 
tado caudales considerables a los pueblos que se de^ 
signaban para ser invadidos? Estando en paz con to- 
do el mundo, el presupuesto del Ministerio de Guer- 
ra, que absorbe una gran parte de las' rentas de las 
nuevas Repúblicas, deberiá rebajarse una gran paf- 
te. Quizá, y sin quizá, no lo disminuirían los gober- 
nantes que estuviesen empeñados en arruinar á sus 
pueblos, pero habría desaparecido el pretextó con 
que cohonestan comunmente su arbitrariedad. 



(15) 
4? La bandera de las nueTaa Repúblicas flamearía 

en todos los mares en completa seguridad. Hó^ no su- 
cede esto y y si lá España aumentase su marina , nin- 
gún buque americano podría hacer un viage á Europa, 
sin correr albures y rieágoa sin cuenta 

A esto se contesta que no tenemos marina. ¿Pero 
de que marina se habla? ¿De la' marina de Monteri- 
deo? ¿De la marina de Buenos Aire&«...? ¡ Ah! yo nío 
me refiero á la marina dé esta 6 dé aquella Rej^úblíca: 
me refiero i la marina de las Repúblicas Sud-Ameri- 
canas tomadas cólectiTamente. ¿Y quién niega que su 
marina es muy numerosa ^ para que podamos mirark 
4Xm indiferencia? - . f. . 

Aun en la hipótesis defque la marina de los nue- 
vos Estados americanos fuera insignificante^ ¿seria el 
medio mejor de acrecerla el entregarla i merced de 
un enemigo? Las Repúblicas de Sud-América sé com- 
ponen en su mayor parte de pueblos comerciantes; y 
los pueblos comerciantes necesitan tener marina, por- 
que la marina es uno de los medios de comunicación 
que mas^ influyen eo la extensión y prosperidad del 
comercia 

Un escritor q[lie se ha distinguido por lo exótico y 
desacorde de sUa ideas , ha dado á entender que la 
marina de las Repúblicas Americanas no merece pro- 
tección, porque las tripulaciones de los buques se com- 
ponen de Europeos. Yo preguntaria á este buen señor 
¿si la riqueza de un pueblo deja de ser nacional, cuan- 
do se compone de caudales de individuos no naciona- 
les? Le preguntaria ¿si una gran porción de esos bu- 



(16) 
^ques^.con bandera de lasnueyas Repúblicas,' y tripu- 
lados por europeos, no son propiedad de los comer- 
ciantes del pais? Le preguntarla ¿si el arbitrio emplea- 
do por todas las naciones, qne han aspirado á, tener 
una marina, no ha sido guarnecer sus nayes con ex- 
trangeros expertos, avezados á los riesgos de la nave- 
gación? Si la marina que al principio es tripulada por 
extrangeros ¿no está en camino de serlo después por 
naturales, que indudablemente se aficionarán y apren- 
derán aquella profesión? Mas tanto tendría que pre- 
guntarle,, que .sería demasiado difuso, en punto tan 
evidente. 

5? £1 comercio con España sería otra, de las ven- 
tajas que nos proporcionaría el reconocimii^nto de 
nuestra independencia. Los opositores agotan., al tra- 
tar de este punto, todo lo ridículo de sus s^rgumentos, 
y descubren á su pes¿ir el interés que les anima, por- 
que siga esa guerra fratricida mas inmoral que el c<h 
mercio de negros ( 6 ). 

Afirman que. los productos de España son misera- 
bles, y que de esos pocos nos procreen qn abundan- 
cia los comerciantes extrangeros; y cuando se les 
prueba con argumentos sólidos qi|^ Jív^n^ produce 
ntuchoy y que nuestros consumos son en su principal 
parte de productos españoles, se alzan de hombros y 
contestan que el mal será para España, que no los 
puede expender por sí misma; otras veces hacen es- 
te argumento, (que es vergüenza para un pais veci- 
no al en que yo escribo, que se haya publicado por 
individuos que se dicen sus hijos.'') Nadie duda (di- 



(IT) 
cea) que en el caso que los buques españoles fuesen 
admitidos en nuestros puertos, el Y^lor de las iinptir<e 
taciones excedería al de las exportaciones y qqe fur^ 
zosamente el excedente tendría que ^lir en metálico; 
, . • . Ahora bien (agregan), cualquiera que tenga una 
idea de lo que es comercio, sabe que esa extracción 
de valores sea en plata, 4 en produc^^ del país, que 
para el caso es lo mismo, es lo que hace inclinar la 
balanza; y como aqui seria favorable á £spai|a,forr 
zosamente las ventajas pp^itivas s^ris^n para su cch 
ngiercio," 

Tales son los argumentos que se amontonan para 
convencer á los americanos , de que el comercio con 
España les sería perjudicial. T^dos contradictorios em 
tre sí , todos desacordes con los principios general-^ 
mente recibidos. Los refutaré ligeramente en el orden 
en que los he expuesta 

1? Que los productos de la España son miserables. 
Esto no merece contestación. Pudiera presentar largos 
extractos de Antillon y Delahord^: podria hacer una 
detenida enumeración de los excelentes tejidos que 
fabrica : de sus vinos, los mas ricos del universo; de 
sus azogues, de sus metales; pero me contentaré con 
citar el testimonio ^e un autor ingles, que nojpuede 
ser sospechoso de parcialidad por U España. 

«España no puede ser puesta en parangón, con 
respecto á su industria, con las principales naciones 
comerciantes de Europa; pero su estadq en este ramo 
es infinitamente superior á aquel en que generalmen** 
te se la pinta.'' 

2 



(18) 
»La8 fábricas de curtiduría de Yalladolid^ SeTÍlIa> 
Granada y Málaga, y l^s de paños Jinos de Tarrasa, 
Manrresa y Escaray, pueden entrar en concurrencia 
eon lo mejor que hay en el universa Los cristales de 
la fábrica de San Ildefonso, las fábricas áe papel de 
Alcoy , las de nanquines de Barcelona, las de zarazas 
de Madrid , manufactura recien establecida allí por 
un francés; las de sofnbreros de Badajoz, las de tejidos, 
de seda y de seda en rama de Cataluña , Valencia, 
. Murcia y Talayera, y las de encerados de Barcelona, 
suhiinistran productos de una sorprendente belleza, y 
muy poco distantes de una completa perfección. (7)" 

2. No hay sino echar una rápida ojeada al cua- 
dro de nuestras introducciones , para advertir que 
nuestros principales consumos son de productos espa- 
ñoles. Ahora bien: si á consecuencia del entredicho 
en que estamos con España, el trasporte de los artí- 
culos que consumimos, tiene que luchar con dificulta- 
des y travas sin número: si los productores y consii- 
midores tienen que emplear un tercero, para que se 
ocupe en el trasporte de sus respectivos retomos, y si 
empleando unos y otros sus buques para la conduc- 
ción de sus artículos , tuviesen mas facilidad y menos 
gastos para su comercio ¿sobre quiénes pesarían las 
desventajas de la segunda? ¿Sobre los introductores? 
¿Sobre los solos consumidores? De ninguna manera: 
sobre unos y otros. Los introductores venderían me- 
nos: pero también los consumidores consumirían en 
menor cantidad ; comprarían mas caro, y venderían 
una porción menor de productos. Í)e estos principios 



es fácil deducir : que si la España pierde en no hacer 
un comercio directo con las Américas, estas pierden 
á su turno en no recibir de un roodo mas directo y 
menos costoso las producciones de que tiene necesidad. 
Escuso recalcitrar sobre esta teoría , porque ella se 
presenta en el mayor grado de evidencia , con la de- 
mostración que se halla al fin de estas apuntacio- ' 
nes (8). 

3.® En cuanto á que por el comercio con Espa* 
fía perderia su equilibrio la balanza comercial , diré 
muy poco: porque esto ni merece refutarse. Es un ab- 
surdo creer que habria exceso en las importaciones, á 
causa de la venida de buques españoles. Los productos 
de España, que ahora consumimos, adulterados por 
las manipulaciones del extrangero y á un precio alto, 
los tendriamos importados en buques españoles, dé 
excelente calidad y á precios bajos. Los introductores 
antiguos de frutos españoles , no podrian competir 
con los nuevos introductores, y tendrían que cederles 
el campo. 

Mas aun concedido sea cierto que la importación 
fuese excesiva ¿cual es el efecto natural de una exce- 
siva importación? La concurrencia de los introducto- 
res: el ínfimo precio de la cosa introducida : la bara- 
tura de los consumos: la ruina del introductor: la dis- 
minución de la introducción. 

En otro tiempo pudo ser cierto que el saldo que 
dejaban las importaciones comparadas con las expor- 
taciones se cubriese con metálico; mas en el dia no su- 
cede así. Entonces la guerra exterior é interior nos ori- 



(20) 
gibaba gastos extraordinarios^ y nos impedia tral^ijar: 
entonces había abundancia de metálico: acumula- 
ción de riquezas. Hoy no hay nada de esto. Los na- 
turales están pobres, y se hallan en la necesidad de 
arreglar sus consumos, á sus productos, porque^ la ri- 
queza que poseen está en proporción de su trabajo 
diaria 

La 5,* ventaja que resultaría á la América del 
reconocimiento de su independencia seria el libre uso 
del patronato, que nadie disputará á sus primeras au- 
toridades, sobre las iglesias de su comprensión. No es 
este el lugar de entablar una polémica sobre el ver^ 
dadero origen de ese derecho; mas es indispensable 
apuntar algunas ideas en la materia para dejar senta- 
do lo que ha parecido disputable, no por otro princi- 
pio quizá, que por el de no fijarse á considerar el ver- 
, dadero sentido de las voces. 

Llámase generalmente concesión^ pontificia el de- 
recho que los monarcas Españoles han tenido y ejer- 
cido de patronazgo sobre las iglesias de las tierras su- 
jetas á su dominio. Concesión, Reconocimiento diría- 
mos mas bien, hablando con propiedad. Las palabras 
no siempre significan lo que suenan, sino aquello que 
se les quiere hacer signifitar. En los tiempos antiguos, 
cuando la Silla de San Pedro daba y quitaba las coro- 
nas, no aparecía violento el sonido de la palabra con^ 
cesión'^ pero desde que los tronos han logrado, á im- 
pulso de las luces, manifestarse independientes de la 
aprobación romana, tocó su ocaso aquella facultad que 
también se llamaba derecho, y con ella dejó de exis- 



(21) ^ 
Ur todo lo que habia acompa&ado como procedente 
de la, misma. 

He aquí la razón por que se usaba del término 
concesión cuando también lo era el derecbo al trono 
de que disponia de hecbo la cabeza de la iglesia. En* 
toncesy que los pueblos equivocaban con la palabra Re» 
iigion cuanto les yenia de Rcnna, era un interés de los 
monarcas mismos alimentar y mantener esa equivoca* 
da y errónea persuasión, porque con ella se evitabap 
-conmociones, y se aseguraban ellos jnismos sobre el 
trono. [Cuántas veces, según nos hace ver la bistória, 
:era la corona llevada de una cabeza á «tra sin mas mo- 
.tivo que lá clasificación del Vaticano! Q)ncluyeron 
esos tiempos, y hoy los pueblos, que hacen los Reyes, 
-no abandonarán el que tengan iii Recibirán .otro, por- 
que asi lo decida el primado de la iglesia. > . 

Una especie de etiqueta y extremo de urbanidad 
ha consagrado esta voz concesión en lugar de recono* 
cimiento, así como ha consagrado la de suplicación en 
Vez de resistencia para los casos en que no se da el pa- 
«e á. las bulas ó breves de los Pontificeos. Tan cierto es 
esto que aunque á esa suplicación se conteste negati* 
vamente, no se da ejecución á la bula, si .la priqíera 
tiutoridad lo ordena así; y ella usa de la fuerza publi. 
ca contra el que intentare semejante ejecución. El va- 
}or qu6 en este caso^ tiene la palabra suplicación es 
igual al que implica la de concesión en el primeramen- 
te propuesta El patronato es inherente, á la sobera- 
nía: todo lo demás es disjmtar con el capricho y te- 
nacidad de las escuelas. 



" 'Para liíbiíifetirceríe de lo dichcy basta echar la-Vis^ 
ta sobre las leyes españolas. La 18 tit 5.^ partU 
dk 1*, úié& cfiie el horiaBramiento de los Obispos 
'^ertenecci 'á'lós ÍRejCá poí^ tres raiones. 1.*, »Por- 
irqué gatíái*da'la&' tierras dfe los Moros é.ficiérou las 
«JÍLesquilaá 'egfeáiafá.* 2.^ Porgue fundaron eglesias de 
**nueVO feti liigái^eS^ áé nóhcá laá oíva 3,* Porque lals 
■^ndbíarott é Üémas lés' flctei*on mucho bien é por eso 
^tthaítt (íei*échó'lbs' Reyéá' de íes rogar Jos cabildcís en 
'jjfecHb dfc lás'elecbióriés." Véa^e si e§a ley hace pro- 
ééáer'ésé'dfet^chb'Ütá r^/¿¿¿;íí*í)«<fí nWe otra cosa qué 
ri6*sie'alafstipré'thacñi"Jé'^l6s Reyes y los actos de eita> 
Itíé^iiéÉSLipklaibtk' concesión líO vale Id qué ella suena> 
síitó'íifi^ líiipbhá' él i^bonoeimíeflio' de tm derecho 
"fíií^éeiiáéttoteyíí'^'o^cühíferkloípor'el qu con toda; iwh 
jfTopieddid ^^'l^iAd''con)céáenle.' [ ;' • : • ; .í;?u 
^ • •*EÍ''Ve¥&aa''^6e leley llf, tít. 6.^ lib. 1.^ dfe las 
Ihdíái*<}¿ipüeá'*dié afegar parai el patronazgo en ellas 
^¿u ^dékctibkttiíéiitO'y itíijuisicion y la dotación «de sus 
íjglesiaiíiVduétí ptír' segunda razón la concesión de aquel 
'por* Uulds' J)otitífi'ciás j expedidas de propia molu;» pe* 
"tó «¿tá áíttíliíaí Gasificación de esas bulas> bien explica 
•qüK'elWiiá^erkn necesari&é, puesto que ya existia-ei 
■j^ritótei^yíbtívor fuiíifamental del mismo patronazgo, y 
qué \ió^'¿e^^'cré;^o" déitór pedirlas para la validez de 
aq\iér*'d^é¿%Lo; a'dvitítiéñddse <}ue así se hablaba e¿ 
IGSIV Siílb' e¿'(^e' te' tícabo la recopilación de ieyes 
dé'iiidiái tteséíués'áé^ t7» años de muerto Alejani. 
"áixi VI qiié habik hecho. la céfebre demarcación ; de 
buerie que á ninguno de los doce Pontífices que in* 



(23) 
temediaron hasta Gregorio XIII ni a los que sucodié* 
ron se les pidió semejante patroiíato^r 

Ello es que en esa misma ley dáce el Rey; «orde- 
namos y mandamos que esie deredio de patronazgo 
de las Indias único é in solidum. siempre sea reserva- 
-do i nos j A imestra real Corona y no pueda salir ie 
ella en todo ni^ en parte y por gracia » merced ó pri- 
vilegio d cualquiera otra disposición que nos 6 nues- 
tros sucesores hiciéremos 6 concediéremos, no sea vis- 
to que concedemos ^derecho de patronaxgo á persona 
alguna, Iglesia ni Monasterio ni jperjudicarnos en este 
derecho^- ni por costumbre, prescripción ni otro título 
ninguna persona ó. personas puedan. usar' del dierecho 
de patronazgo si no fuere la que «a nuestro nombre 
^. con flímesti'aaütcwijlad y'póder se ejerciere, y que 
nln¿'uha>\per.6ona seóalar n¿ eclesiástica^^ dt cualquier 
esiadoiió)condÍ€Íonypor cuaiquier^ ocasión ó causa sea, 
osajiaiá' entrDmeterse^ eiü cosa toc^nbeiá dicho patro' 
imzgomi á nos perjudicar en él, t& á.proveer Iglesia 
fd ber^ejicia," Bien claro és que si el patronazgo fuese 
de mera concesión los agraciados no hablarían de un 
modo tan;ábsoluto , incluyendo en sus prohibiciones al 
míámoconeedenté sin iimitáiáon-ialguna. 

Ese patronato no fue reconocido por: los Pontífices 
eñ: tales, ni eh taika personas^ode Rey es ^ sino á los que 
tuviesen lá coronal de/ León y Castilla como lo dijo 
AlejaaMlix><VI"eh surBu^la, Scieri apostblatas ministe-» 
rio\^ivXv3^ \\ea\^ümiúórsális Ecclesia regimini. La 
-de AdrianDiYr.eo- 1588, reconoce nulas todas las pro* 
-visiones hechas sin presentación de los Reyes, sin que 



Í24) 
ios Pontífices püédáa janías anular semejatite regalía 
y si lo intentaren^se les niegue la obediencia en esUi 
partear ¿EstáB frases indican concesión y gracia ^ ó' un 
expreso recoriociihíenijo de un derecho? « 

Salgado, Splórzano^ Frassa/ AyéndañGi .y demás 
aütofes del iKeino conciben él patronazgo, tan Vn^^r^Tl- 
tea ía carona^ que no lo. puede el Hey Iraspasso* á 
Btro^ siilO'Con.la misma cotona que pase; á- siis legití* 
iñm satéSafes ó .hévéietú^ • ■' 

i Es cabido- que lsí]corona no ^ "sino un: signo de Ul 
soberanía -^i del realisino/esio es^ dé ese iSirtcter r^ 
preáétntafivo < die la nación ó de su primer* o6cial ^ y 
que Ivs'Kejrés^ como Reyes, no son sino repr^ntanteft 
d^laBnáeidnqúeiilaaíidá. ? ' 

-'■. De estos axiomas se infiere que los dereokoá del ^ 
Béy/edmciRey^ soii derechos de lacoroi^avó'de la 
naeioíi, püés étí representación de esta i es> «que^'d^ra 
en; calidad d6 tley^ y ^Ua es la que leiconfi«re'etjéjer* 
cícíó de estís dei*ccibosi luego el dtí patfo«a!5g<!íi no em 
personal del Rey^ sino de la nación Españolti:^ ó de 
lá<tol!)eranísl qde esta tenia. (no e¿ del caso si'eUa era 
dé. techo ó . de derecho) sobre Ja América í ; iuegt> don»» 
dé ésta esa soberabia debe^edar el ipaironas^o : 4iie»> 
gd si la España reconoce étí ']úi a^mericanos ría sobe- 
ranía dé esi30& paisé^y >pasá^ á iaquello6 da inhef elida 
déi patronazgo^' como ante» et*a inheventé ádaicoiiom 
¿ á lá soberanía Española'^ y >lo^ 'americano» «óinci' ii- 
ééióreé dé los Reyes ó de la \Es'pa'ña én éúá sóbeTan^ía, 
i^écibiráil trasmitido ese derefchó ' comd íb^ítecibid Fé*- 
ligé V dé BorbojD^.dél' ¿Itiñio Rey de k casa de Aui« 



(36) ^ 
tf&9 bin necesidad de declaración alguna y sin nece- 
sidad de ocurrir á Roma para un nuevo reconocimien- 
to que tan impropiamente se ha llamado concesión* 

Todo esto es para convencer á los que opinan que 
ol djerecho de patronazgo era solo de los Reyes de Es- 
paña .¿ ii]|;r^8misible| no porque sentimos que no nos 
corresponde . iiaturalmenj^ ese derecliio desde que hé- 
Xl^osí, conquistad^ }^ tierra , desde que sostenemos el 
cukoy y desde que fundamos Iglesias nuevas» £stas son 
las &i«ntes del derecho d^ patronazgo que asigna la 
-Ley d0 Partida qu(s copiamos ^ntes: pero no -es hoy 
nuestro objeto disputar sobre esa pertenencia natural 
^eltpí^rOn^iOy sino, mai^ifestar que d^ r^qpi^ocimien- 
to de «nuestra independencia por la España nos ven- 
dria por trasmisión con la soberanía ese mismo patro- 
nato , aun cufi^ndq npi.ej^istiese en nosotros por el resul- 
tado de. la revolución y y que semejante reconocimien- 
to »cí». ahorraría. de disputas sobre aquel , ^n entre 
los. que nosaiieguen hoy la propiedad de ea^ derecha 
£i después de reconocidos independientes se, ofreciese 
.uñ Concordato con la Santa Sede, deberíamos trabajar 
«céanto pudiésemos para que se nos reconociese y no se 
^noa:. concediese^ el patronato , asi como el derecho de 
vpasioikmjo ^eU> y no de suplí caciot^ i l^s bqlas ó bvQ^ 
^es en'fiíi'Qasdi 

> iiyAEdi'címetcto.con España aumetUar(a asom" 
éros&misnie nuestra población. La afición denlos Espa,- 
«^oles hacia las Acméricas es tan pronunciada^ que pue- 
de asegurarse sin exageración que vendrian á milla-^ 
<reg á nuestras playas* Este ben^ficip ae ha puesto eu 



(26) 
duda por los detractores de la nación Española. El £1- 
pañol, han dicho, es ignorante, fanático y preocupa^ 
do y de ideas diametralmente contrarias al sistema de 
gobierno que tenemos adoptado; y los emigrados que 
convienen á América son los Alemanés, Ingleses ^c.-, 
que son laboriosos, y están instruidos en losnueyos 
métodos de explotar la tierra , puestos en práctica con 
muy bueii suceso por las naciones civilizadas de k 
Europa. 

Muy mal conocen el carácter esparñol los que asi 
discurren/ y liiúy ignorantes deben estar de la, histo- 
ria de la emigración extrangera en América; 

Mas convierte 'rectificar antes de todo el juicio ep- 
roneo qUe tienen algunos sobre ló que necesHaniiue^ 
tras tierras para prosperar. Necesitan braiós y. nada 
"óaas quebrados; Su extensión y fertilidad* lá^ tanta, qué 
casi soh sin aplicación los métodos que están en boga 
ebtre los labradores ingleses y alemanes; parabonifi^ 
carias. Por lotra parte los labradores que se «ontratañ 
con las comisiones de emigración ^ perteneceiji eói au 
totalidad' á esa porción de pueblo, que, á piesandeias 
progresos de ks naciones, siempre permanece estacio- 
naria. Bravo chasco se llevaría el que pensase eneonr 
trar en'^1 labrador ingles de última clase, kn hombre 
despreocupado y de sanas ideas. Al fin «e convencería 
que en^'muy poco se djfci'cncia del labradór\ Español 
de ijgual categoría ; quien á mi juicio le sapera con 
rmucho eil vive^ y buena ra2on« Las ideas, de tales 
gentes, con respectó á gobierno son también idénti- 
•cas; porque unos y otros son subditos de: un gobierno 



(2T) 
monárquico; y ellas mas son hijas de la costumbre que 
obra del convencúnienta 

£1 Español tiene iin talento despejado y una incli- 
nación dominante á permanecer en el pais en que ad- 
quiere su bienestar ; es sufrido , laborioso , y de una 
honradez qoje ha pasado á proverbia £1 fanatismo que 
se le atribuye es generalmente e:s¿agerado y no llega á 
desplegarse en* su espíritu, sino cuando un clero nvL* 
meroso ejerce en ¿1 un influjo preponderante* En nues- 
tro pais (fá Dios gracias!) nuestros sacerdotes son bue«- 
nos patriotas y un perfedó dechado de virtudes^ No 
hay que iisiiñ^f que promuevan el fanatismo: su espí- 
ritu es el de mansedumbre y de paz que aconseja el 
Evangelio. ^ 

Muy ^ercá tenemos tina prueba irrecusable de 
cuantof mas veütajó^ó^ son para* estos paises los colonos 
Españoles^ que los de ^ Inglaterra y Alemania. 

Ahora algunos ' años Maldonado era un villorrio' 
insignificante: pero^ se avecindó en él D» Francisco^ 
Aguilar, Español instruida, honrado y muy celoso de 
la prosperidad de sus nuevos compatriotas. Las oosaft 
mudaron de aspecto con asombrosa celeridad. Este 
hombre benéfico ,> sin mas recursos que los que le pro- 
porcionaba su genio y fortuna, emprendió hacer ve- 
nir algunos cientos de vecinos de las islas Canarias de 
donde es'natural. Consiguió esto sin dificultad, y un 
poco mas tarde^ el que Maldonado^ de un lugarejo, se 
convirtiese en una villa. Los colonos Canarios han he- 
cho multiplicar los animales domésticos, cubierto las 
cercanías del pueblo de .hortaliza y arboleda, y edifi^ 



(28) 
cado casas espaciosas y cómodas. Cada coloiio> tan pro]> 
to como se hace de alguna fortuna, traslada á su costa 
á su familia y parientes ^ coa la noble mira de que 
participen de la felicidad que él disfruta. Las madres, 
los, padres y los deudos no abandonan su pais sino pa- 
ra abrazar á sus hijos 6 á sus parientes, para vivir en 
la habitación que estos edificaron con sus propias ma- 
nos, en la que tienen i'eunido todo cuanto es necesa- 
rio para las comodidades de la vida» Dejan una patria 
estéril^ en que la miseria es la compañera insepara- 
, ble de su existencia, por la Verdadera patria j por la 
patria en que reina la abundancia, la paz y la felici- 
dad. Gomo ni las doncellas ni los mancebos pierden 
sus horas en el ocio, como todos trabajan, como el lujo 
no impera entre aquellos labradores venturosos, los 
matrimonio^ se multiplican; porque una esposa no es 
para ellos una carga insufi*ible, sino un beneficio del 
cielo, una compañera que embellece la juventud y 
consuela en las penosas horas de la veJQz. Acordes en 
materias religiosas, sin ocuparse de los negocios polí- 
<ticos, no conocen esas pasiones borrascosas que con- 
vierten al mundo en un infierna 

Esto mismo es de contarse de los que se han esia^ 
j3lecido en el departamento de Montevideo. ¡Quién no * 
preferirá estos colonos españoles á esos emigrados ale- 
manes é ingleses f que tantas sumas costaron al Go- 
bierno de Buenos Aires, y que han. sido de tan poco 
-provecho I 

Este fenómeno nada tiene de extraordinario. El 
^mor de un individuo aun pois está en razón de las 



(29) 
relaciones que le ligan á él. ¿Y quiénes estarán mas 
unidos por sus relaciones á la América del sud? ¿Los 
que hablan un mismo idioma; los que tienen con po- 
ca diferencia las mismas costumbres y profesan la mi»- 
ma religión; ó aquellos que hablan un idioma distin^ 
to, tienen diversas costumbres, y profesan diferente 
culto? ¿Cuál de estas dos clases de individuos deberá 
ser preferida para formar colonias? Decídalo cualquier 
ra que tenga un juicio imparcial. 

Razones de política nos separaron de nuestros her- 
manos los españoles; ellas han desaparecido, y es jus- 
to que se oiga la voz de la naturaleza. ¿Quién es el 
que no tiene alguna persona querida entre ks que 
componen el pueblo español? Nosotros podemos decir 
con Valerio Máximo. »Faimos formados en el mismo 
seno, mecidos en la misma cuna. Ellos y nosotros dá- 
bamos á unos mismos individuos los dulcísimos nom« 
Lres de padre y madre: y esfos á la vez hacian votos 
por su felicidad y por la nuestra. La gloria de sus an- 
tepasados nos es común.' ' (9). 

SEGUNDO SOFISMA. 

»Aun dado caso de que conviniese á la América 
la paz con España, no debe aquella enviar diputados 
á Madrid para negociarla. 1.^ Por que esto rebajaria 
la dignidad de las nuevas Repúblicas. 2.^ Porque las 
seguridades que ofrece dar el Ministerio Español á los 
comisionados americanos no inspiran la confianza ne- 
cesaria. 3.^ Porque el ministerio Español no ha mani- 



(30) 
ffeslftdo de un modo. claro. y (ermiuame sus intencio- 
nes sobre rieconocimiento. 4,*^ Por la pobreza en que 
86 halla el tesoro de las nueyas Repúblicas. 

I Raro modo de discurrir! Una nación no se de^- 
grada nunca por haber procurado el cese de lá guer- 
ra: ¿por qué se degradaría América enviando comisio- 
nados á Madrid que negociasen la paz? ¿Cuándo se lo- 
grará arribar á un resultado, si cada cual de los dos 
contendentes reputa desdoro mandar uno de sus sub- 
ditos á k capital del otro? ¿Y por qué, dicen, la man- 
daremos ministros y ella no á nosotros? ¡La cuestión 
ya no es de conveniencia , sino 'de etiqueta! ¡Los adalL 
des de la guerra desbaratados en el verdadero campo 
de batalla se atrincheran en los salones de las prero- 
gativas diplomáticas! 

Razones de conveniencia aconsejan el envío de mi- 
nistros á Madrid. Si España enviase un comisionado a 
cada una de las nuevas repúblicas, sería muy fácil 
que en la celebración de tratados parciales se perjudi- 
casen mutuamente los nuevos Estados. Este inconve- 
niente desaparece con la concurrencia de todos los mi- . 
nistros americanos á Madrid ; pues si alli proceden en- 
tre sí con la franqueza debida, marcharán á una, se 
auxiliarán recíprocamente, y harán un arreglo venta- 
joso a América y no al estado B ó G Queref unifor- 
mar á los gabinetes americanos entre sí por medio de 
notas diplomáticas, sobre ser un camino largo y espi- 
noso, es exponerse á cometer imprudencias de suma 
ja^agnitud. 

Pero sobre esto la cuestión está decidida: se trata 



(31) 
ya de lo que es y no de lo que deberia ser. Ese acuer- 
do que se solicita: esa coalición que algunos Estados 
Americanos han procurado formar; ha venido á tier- 
ra desde que dos de las principales secciones de Ame- 
rica (Méjico y Colombia) han enviado comisionados á 
Madrid. No queda otro recurso á los demás Estados 
Americanos, para atajar cualquier acontecimiento des- 
agradablcí sino concurrir á afjuella Corte á fin de 
que sus intereses respectivos no sean perjudicados. 

España tiene derecho á que se le envíen Ministros 
para tratar sobre el negocio de independencia. Ella 
quizá cree ser la Señora de la cosa, y por muchas Po- 
tencias es reputada como tal; y ¿á quién tocará ir en 
su procura? Ella es una, y los nuevos Estados muchos; 
y ¿no es mas natural que muchos vayan á tratar cer« 
ca de uno que tiene intereses pendientes con ellos, 
que no que este concurra á la vez á la casa de cada 
uno de esos muchos ? El derecho de gentes la asigna 
mayor categoría que á las nuevas repúblicas: 1? por 
su población: 2? por su rango; 3? por sus riquezas: 
4? por su antigüedad : ¿? ppr la circunstancia de ha- 
ber sido metrópoli de los estados que se preparan á 
tratar con ella; y por otras mil circunstancias que de- 
signa el mismo derecho de gentes, y que están al al- 
cance de todos. Ella está cpn respecto á América, en 
posesión de las prerogativas de exigir que se le envíen 
ministros, antes de enviarlos por sí misma (10). 

2? Seguridades. Las seguridades se obtienen 6 
por la interposición de las potencias extrangeras, ó 
exigiendo protestas publicas y solemnes. El ministro 



(32) 
Moscoso, de real orden ^ ha dicho en su circular de 13 
de Diciembre del año anterior. »Lo3 encargados por 
los Gobiernos de ultramar hallarán la buena ac(%ida 
y protección que sabe dispensar un Gobierno pundo- 
lioroso d todo el que deposita sa confianza en la fe pú^ 
blicaV ¿Qué mejor garantía se quiere? ¿No empeña 
el ministro Moscoso la fe pública de la nación españo* 
la? ¿Y esta prenda no^es de sobrado valor? ¿Por quQ 
se hace tal disfavor á la nación española , cuando ell^ 
se muestra generosa, y dispuesta á hacer jus|;icia á los 
reclamos de América? ¿Qué interés tendría el gabi-» 
nete español en violar las seguridades que ofrece? Ua 
pueblo pundonoroso, un pueblo que conoce sus dere« 
chos, que los discute por la prensa, que está armado 
en defensa de su libertad, el pueblo Español ¿permi-> 
tiria que cayese sobre su historia un negro é ignon^i- 
nioso borrón? Y si la fe de toda una nación no es 
suficiente prenda ¿qué cosa hay en el mundo capaz 
de serlo? ¿Mas por qué esta contradicción? ¿No se 
repite que España promueve la paz porque no puede 
vivir sin la paz? Y si la paz cou América le es tan 
preciosa, ¿por qué, no respetando á los ministros ame- 
ricanos, alejaría para siempre el dia que tanto desea? 
¡Opositores á la paz I Si el extrangero no os paga, si 
vosotros no promovéis los intereses de la envidia, sois 
por lo menos ciegos é ilusos, 

3.^ Afirmar que el ministro español no ha mani- 
festado sus intenciones respecto de reconocimiento, es 
nna falsedad maliciosa. En su carta al Sr. Gestal, el 
Sr. Martínez de la Rosa ha dicho que la Reina Gober- 



(88) 
imdora no excluye base para entrar d tratar : el Mi«* 
nistro Moscoso habla deformar tratados con los Es- 
tados Americanos sobre las bases conciliadoras de la 
reciproca conveniencia; y los Procuradores Españoles 
han pedido á su Reina reconozca la Independencia 
de las ex-coloniás americanas. Las intenciones están 
manifiestas. 

4»^ La pobreza en que se encuentra el erario 

Fijarse en las penurias del Erario cuando se trata de 
iin asunto tan vital, y cuando- la cantidad que se ha 
de gastar es muy insignifi.cante para ser comparada 
con la suma de bienes, que con ella va á reportar el 
País, es lo mas mezquino y degradante. Se habla de 
dignidad nacional , y mientras tanto se quiere hacer- 
nos aparecer como un pueblo miserable, que no tiene 
cóiño pagar un comisionado, ni entre sus conciudada- 
nos un individuo bastante patriota para hacer un viar 
je á Madrid por su propia cuenta. Ke propuesto este 
último arbitrio, no porque crea que e$ real esa suma 
pobreza y sino porque en caso de serlo, seria ej único 
medio honroso de que pudiera valerse un pueblo. Pe- 
ro ¿es cierta esa pobreta 5if;i^? Todos los Estados de 
América mantienen ministros de alta clase en las, cor- 
tes extrangeras, y los mantienen sin que medien los 
intereses que median con España, y las mas veces por 
puro lujo. Nosotros, ejemplo único, mantenemos en 
Londres un ministro; y todos saben que con poca 6 
ningfina ventaja para la nacídn. No quierp ocuparme 
de la idea que se apuntó en un anónimo, escrito en 
Montevideo > referente á que se enviase á Madrid uu 

3 



HÚnifttni pagado iéHQi^t que reprtfMntaae ka. repú* 
blicaa «irgentina y oriental, á dos naciones soberana 
7 perfectamente independiente entre sí. Este ftie un 
atroa insulto á ambos pueblos que no debió tolerarse; 
porque tiena una tendeneiii manifiesta á poner en du* 
da el estado de ciirUiiacioA de dos iliciones que han 
llamado mas de una vez la atención de la culta Europa, 

No ha llegado el tiempQ oportuno de ventilar si 
aera mas proficuo á tos americanos españoles celebrar 
eott la n^dre patris^ ua untada de coniercio, y rele- 
gar pera la época en que las pasiones estén en calmat 
el ajuste definitivo de paz* Esto dependerá de los in- 
Ibrmes que remitan los comisionados americanos á sua 
lpd)ierno6. Sin datos, por ahora, nada puedo decir que 
no sea aventurada 

El primer hcmibre que declaró la guerra á su her- 
«anO| y se bañó en au sangreí fue maldito por Dios 
eon todos sus hijos y descei^iemes. £1 que alza la voz 
para impedir que dos naciones, en cuyos individuos 
circula una misma sangre, seden el ósculo fraternal de 
amistad, debería ser maldilo por Dios y por los hom- 
bres. La guerra, si es peoesaria, es un inal disculpa* 
ble, y un delito cuando ae prolonga por capricho ú 
•rgulla 

{Españoles de Europa! ¡Españoles de America! 
Jíasu ya de «uangreqtar la tierra; basta de escanda- 
lizarla; relegad los sucesos que os dividieron al archi- 
vo de la posteridad, y lavad vuestras numoSf mancha- 
das aun eon la sangre de vosotros nusmoa. 



NOTAS. 



I.* Los jacobinos de la Península (asi llamaban los strrt- 
les á los liberales ) hicieron todo cuanto estuvo i su alcance pa- 
ra inducir á las colonias españolas á que se declarasen índepenf* 
dientes. Gaceta (absolutista) de Madrid de Octubre de 8a4' 

9.* Podría recopilar un número considerable de documentos 
escritos en este sentido ; pero me contentaré con citar uno que 
-tale por todos , si se atiende al tiempo en que fue escrito , y á la 
persona en cuyo nombre se publico. » Conciudadanos ¿ nuestros 
padres, nuestros hermanos de España son los que mas desean 
que acabemos de establecer ün sistema sólido , bajo un gobierno 
liberal que les ofrezca protección y auxilio contra ese mons- 
truo de la ing^titud y de tiranía, contra ese bárbaro tribunal 
de la inquisición, y contra la iniquidad y perfidia deloft rilea 
fayoritos de la corte de Madrid." Proclama de D. Joké Altares 
de Toledo á los pueblos de Méjico. 

3.» Wolf : Droit de la natnre et des gehs. 

4'* Grotins. 

5.* Palabras del diputado español Moreno Guerra. 

6** Cooks skectches of Spain i83i y t833. 
Ya que me ocupo de las producciones dé Eílpána , haré ««4 
obsenración que es muy importante. 

La introducción de efectos españoles se aumentaría , y d# 
consiguiente los retomos: Voy á demostrarlo. 

Cuando España monopolizaba ei comercio de América , susti* 
tuia muchaá veces sus productos á los de otras naciones, i pe- 
tar de qu« estas expendían los suyos, que tran de mejor calidad 



(36) 

Á mas bajo precio. Hoy las naciones extrangeras que han Teem* 
plazado á la España, observan igual conducta para con ella* 
Todos saben de cuan buepa calidad es el terciopelo español , y 
Cüán apreciado es en est^ gai&í y sin. embargo los individuos 
extrangeros que sirven dé intermediarios entre España y Améri- 
ca, sustituyen el suyo que es de inferior calidad. Esto sucede, 
ya porque los cargadores de los dichos buques están en rela- 
ción con los fabricantes de su pais y procuran dar despacho á 
sus tejidos , ya porque ellos ignoran el mérito del terciopelo es- 
pañol y su aceptación en América.- , 

. E| calzado c^spañol convendría por su baratez , y sin em- 
bajL:go ha sido poca la introducción de este artículo. La impor- 
tación general de cal^adp (le hombre en el a¿o de r 83 2 fue de 
l85,ooo. pesos^y de esta jcantidad no corresponden sino ,n 
á i5 milpesqa á la importación española. Para este cálculo to- 
mamos por basé las declaraciones hechas en los manifiestos, 
por los capitanes de los baques que procedían 4é Espaíia. 

La sarga espanola.es cara porque es muy, escasa en la pla- 
^a. Su precia primiiiyo no lo es, y si se aumentase la im- 
porlacion, aitmentarja forzosamente el consumo. Se. generaliza- 
ría el conocimiento d^ su calidad superior,. y vendiía induda-. 
Uemente á ser preferida en muy poco tiempo á los tejidos ip- 
gleses que imitan la sarga » aunque se pagase un poco mas ca- 
ra» La cantidad de sarga española introducida, en i833 no exce- 
de de a,3oo pesos, mientras tanto que la importaoicni de Ja sarga 
inglesa hecha en buques británicos ha sido por lo menos triple. 
Es dillcil calcular, con igual ^xfctitud la proporciqn entré 
las importaciones españolas y las de otras procedmoias, res- 
pecto de muchos otros artículos; pero no hay duda que.con- 
poca diferencia debe dar igual resaltado que el que.^emos de- 
ducido de las comparaciones que quedan hechas. , 

7.^ Tomando por base de este cálculo el estado, de 
las entradas y salidas del solo puerto de Buenos Aires, 
he hallado que han entrado á él,. coj|;i procedencia de Es-. 
paua 6 de su colox^ía ( la Habana ) , bajo bandera neutral, . ,/ . 



m 

y principalmente bajo los pabellones sardo I ingles y ame- . 
ficano y francés en i83i ^ treinta enkbarcaciones cuyas 

toneladas sumadas dan el total de. . , . . . é 5^)799 

£n i832. . . . 34, con . • . .^ S^api 

En i833. ... 3i , con i 5,91.5 

En 1834. . . . a8, con ..•....- '^»M 

Formandp laS embatcapíones y un total de. ...... . aiiS^S 

La s^alida durante los mismos cuatro anos para la Es- 
paña y Habana fue de '87 buques > cujeas. toneladas alcan- 
zaron á .' ' « . . . i6y554 

De esto se deduce que en los mencionados cuatro anos, 
las relaciones de la España con el solo puerto de Buenos 
Aires, mantenidas al abrigo de la bandera neutral, ban 
ocupado a I o. bloques , que forman un total de. ...... . 39,687 

Esta suma, da por. cada año un término medio de 5a 

embarcaciones, qué reunidas representan 9>9^3 

Partiendo del .principio de que esta suma, sea exacta , y que 
los buques no bayan tenido mas toneladas que las que decla- 
raron sus capit^es. (fo que raramente sucede en los buques 
sardos y americanos) , y tomando ppV término medio del precio, 
del flet^,. el de catorce pesos fuertes ppr tonelada ,'ballamps. un. 
total de 1 38,90^ pe?os,fuertes que.equivalen á cerca de i.opoyooq 
dj^ nuestra mone^£^'cprriepte, cuya, cantidad utilizan los naver^ 
|[^ntes extrangeros, leti^ cada año , con perjuicio del comercio de^ 
^ta Bepúbllca^ y 4^ d(e 1^ España , de, resultas de las. medidla, 
de exclusión, decretadas por.ima y. otra cónt;ra.8u$ respectiyos 
pabellones. ;, ,, 1.- .'..:. . , * ,,,. . 

' Excuso de te|ienme (3n las deduccjo,nf s á que ds^ lugar este mo» 
deradísimo cálculpé ^En solo fletes yy^> en solo tres años b,an per- 
dido España y Buenos Aires tres millones de papel moneda! 
Adviértase que en los años que se han tomado por base del cál- 
calo ha habido menos comercio que nunca, á causa del estado 
de decadencia en que se hallaba Buenos Aires por la guerra ci- 
TÍ1. I Cuánto no te habrá perdido en a 5 años de entredicho! 






ti / 

i, ■ '^^^^icAvíy^ dLi. Vüfe jLe__ 



4 

I 









<í>^Jl<l'VVÍy<L (í<^ XTüfe Xc__ 



i 







DEFENSA 



DEL 



VOTO DE AMERICA, 

COiNTRA LAS IMFU6NACI0NES QUE DE EL SE HAN HECHO 
EN UN FOLLETO RECIENTEMENTE PUBLICADO. 



ESCRITA POR 

" Si la guerra se hizo por la paz ; ¿pa- 
*< ra qué aquella cuando se puede gozar 
<< de esta? No ha de ser su elección de 
" la voluntad, sino de la fuerza ó nece> 
<< sidad. i Impía é imprudente doctrina 
«< la que enseña á tener vivas las causas 
** de difidencia, para romper la guerra 
<< cuando conviniere. • • .Mas sano es el 
<< consejo del Espíritu Santo, que bus- 
^* quemes la paz y la guardemos : /n. 
" quite pacenif et persequere eam," Em- 

PBESAS POUTICAS DB SaAVBDRA. L. 2. 

pp. 279 y 483. 



BURNOS-AIRES. 

IIIP&ENTA ARGENTINA. 

' Í835V' 



OCT 1 1906 



Mucho he deseado que la caestion qoe promovi 
con la publicación del Voto de América^ se ventila* 
se por personas de mas talento y saber qoe los que yo 
poseo; pues conocía bien que del asunto que iba á tra- 
tar pendían intereses mui importantes para mis paisa- 
noSi Mi deseo ha sido frustrado en g^an parte. Si 
las proposiciones que sostuve en mí escrito han en- 
contrado elocuentes plumas que las amplíen y de- 
fiendan, las que se han consagrado á refutarlas han 
aparecido ser medianas unas y otras de ínfima espe- 
cie. No quiero decir que los que las han manejado 
no sean ilustrados y acreedores al público aprecio ; 
pero sea la mala causa que sostenían, sea la precipi- 
tación con que redactaron sus escritos, estos han si- 
do débiles, triviales, indignos de la gravedad del 
negocio, y en supremo grado personales. 

En la Contestación ni Vota de América asoma este 
¿I timo defecto con bastante frecuencia. En elia se 
me acusa de que amo mas á la España que 6 aaí Pa^ 
tria. Cada individuo tiene derecho á que se 1q crea 
que ama á su pais mas qué á otro alguno de la tier- 
ra, mientras por actos intergiversables y notorios no 
demuestre lo contrario. A mi se me esceptúa de es^ 
ta regla, se me priva de un derecho precioso, se me 
supone una dañada intención, porque digo que 
pues está dispuesta la España á reconocer la Inde- 
pendencia de sus eX'ColoniaSy estas no deben demorar» 
se un instante en abrazarla como amiga. Supóngase 
que yo me hubiera equivocado en esta proposición 
ó en los medios que he indicado para llevarla a efec- 
to ; esto á lo mas probaria que yo era un ignorante; 
pero no que amaba á España mas que 6 mi Patria. 
I Le importa, por otra parte, al público que mi in- 
tención no sea buena? No por cierto. El público 



C * ) 
está interesado en averiguar lo que mas le conviene, 
DO en informarse de la verdadera intención de un 
escritor. La intención puede ser perversa y buení- 
■ima la dodrínaf asi coiao esla puede aer disparata- 
da y »i|4]eUa rMla y aceodraila. l^s circanstaaciaa 
M que aoftiíallaaaoa no son por cierlo, las mas á pro- 
péaito para Aesertar de lea banderas de los indepen- 
dientes y aaogerse á las de Bspañai aí el procurar que 
aquelloe obteag aa el reeonocunieDtD de derecho un 
titaloi para presentarse á D. Carlos como buen ser* 
vidor. 

Llamar á Eat)afia inc^^z^ pobrcj miserable^ y á 
sus boaatees éé Estado momtruos utr4)ceSj de mala 
J$j es impropia discutiéndose uoa cuestión en la 
que tod<a dabeaer mesurado y decoroso. No se tra- 
ta de kaoer uoa proclíuna de gwrra^ se trata de 
atraer é la pají ; y este no «e consigue con imprope- 
riUB. Loa Diarios de Sispaña hablan de los Ameri- 
canos con una especie de admiración, de sus Grobier- 
tios oon respeto^ y de sea hombres públicos con mi- 
raiHtiínto y elogio» Aecórranse las columnas del 
ficé, de )a Abeja^ del Céjapilador^ de la Revista, 
del Vapor, y ae tere al nombre de América pro*» 
nbneiúdó con cariño y distincioa. j Y nosotros los 
indultamos! ¡ Nosotros los rccbaaamos cuando ellos 
nos llatnati ! { ^^ ultrajamos cuando ellos nos elo* 
giani 

La personalidad y el aaroasmo prostituyen las 
cuestiones $ y Convierten i la noble facultad de pen- 
sar ed utia arma odiosa é infiíme. Alguno ba de e^tar 
equivocado ; paro pruébelo el radiooioio ñola inju- 
ria y él dfeduésto. 

¡Vosotros que blasonáis de patriotismo! ¿áqué 
dais ese noiíibre ? ¿á la vocinglería, ó á los consejos 
de la meditación ? ¿ Sois patriólas porque gritáis 
con todas vuestras fuerzas ? | Sois patriotas porque 
insultáis é hombres que distan tres mil leguas de 



< * ) 

vosotros? ¿Por q-^é aeémeteifl eon la teiyg^oa á 
qméVféa 1^0 pindén ofehd«roft oon las manosF Ya 
-pñ^ó \ñ oeadiotí y ^1 pef if ro. Cdando los Esfa^l«B 
pifiatmn allatte^rod tiaestrog campos^ oaandoae deitta- 
Ttiaban por oue^i-as eomaroas en actitud gverréta, 
>€ttdtido moá p^diad íajttsttid ieotie^stones ; juiitv era el 
eFiiójo; peto ahora que y«i no «ueaa so oaOotH que 
9d atero ilo brilla á «u^st^os ojo«^ no es patriotismo 
retarles deíide iiO paleryque á quenopuetleb concur- 
rir, sriio aceptarles hi oliva d« pae^ ya quo te ofre** 
cea á reéotiotel^ la juátidad^ intéstro «laréaho. 

Si yoereyéra qiveal pteeio de la ignominia se 
compraba la PAZ, clamaria por OUERRA^ 
porque en mi corazón hierve la nacionalidad y el 
amorfa tai Patria, tal vea ooo ibas vívaordad qaé en 
e) voestro ; pero pienso que ki amistad con Espafia 
es allament^é gloriosa ámi Patria^ y por eso pido la 
PAZ. Vo^ttH>s prOcoraia sublevar. la ofiifiton«oii>- 
trá mi notobre llañiándoAie poco méoos que traidor: 
|9ero os engañáis^ Los aoierit^a^ofl volaban contra 
el traidok* coando et^ posible la traioion : ahora se 
ríen de ésta palúhra ; porque saben bien que ya po- 
só el tiempo en que elÍA represeataba la existencia 
ée lina co» verdadera. 

¿Cuales el Irérdádefo voto de Aiaériéa? ¿El 
que yó espresé eti mi folleto^ ó el que vosotros ma» 
nifestais en el vliéstfo ? Tengo rabones para creer 
que sea el que cotao lalaauacié. Los periodistas »a* 
Clónales y estraitgeros aplauden los principios que 
contiene mi estrito ; nadie habla del vuestro. El 
mío circuló en pocos días totk rtpides por todo Bue- 
nos Aires y Moatevideo $ el vaastro te lee. por moi 
raras personas. Vuestra^ opinión et singular x la 
mía está de acuerdo con la de los Mejicanos, Gra- 
nadinos y Caraqoeioe, eampeonos iloslres do la li« 
béifttidy qoe han dorraaiado á tórrenles so sangre y la 
de sus hermanos para conquistarla, pero quo olyi« 



( 6 ) 
dando la mezquina idea de venganza, propia de los 
pueblo^ bárbaros, buscan la paz ; porque conocen 
que nada hai mas precioso que la paz ; y envían Mi- 
nistros á Madrid, porque este es el medio único de 
obtenerla. Ella está de acuerdo con la de los Chi- 
lenos que están próximos á enviarlos ; y con la do 
los Orientales Uruguayos, que según el lenguaje 
de sos periódicos y el. tenor dé sus decretos 
gubernativos se disponen á hacer lo mismo. Mi 
opinión se acuerda con la de muchos hombres sensa- 
tos: y nioguno de ellos sostiene la vuestra. ¿A 
qué lado pues se inclina la balanza ? ¿ hacia el mió, 
ó hacia el de vosotros i 

¿ De donde sabéis (me decis) qne esos enviados han 
ido en busca del reconocimiento .^ . . . • ¿ Por donde lo 
sé ?....¿ Por donde sabéis vosotros que D.Pedro 
dejó de existir, y que Carlos X no ocupa el trono 
tle Francia?. •• «Me contestareis que por lo que re- 
fieren los periódicos de £uropa, y por la relación 
de los que han venido de Portugal y Paris. Pues 
yo sé que Zavala, Montilla, y Sooblette han ido á 
Madrid á negociar el reconocimiento, . por los pe- 
riódicos americanos y europeos que asi lo dicep, 
por los antecedentes que dan lugar á creerlo, por la 
correspondencia privada que lo confirma, y por la 
luz de la razón que me ensena que así debe 

ser ¿'Tengo ó no motivo para creerlo? 

¿ Porque vuestra organización, ó vuestro capricho, 
os impiden dar crédito á tan verídicos testigos^ que- 
réis que yo, que no padezco de vuestra enfermedad, 
roe resienta de los mismos efectos que ella os hace 
esperimentar ? 

Pero basta de tratar de personas: basta de hablar de 
cosas que me conciernen. Voi á contestar á vuestras 
ridiculas paradojas. 



( 7 ) 
!.• 

" £1 autor del Voto añrma que el entredi- 
cho es fomentado por los agentes de algu- 
' nos potentados extrangeros. Ignoramos qué 

datos tenga para producirse así. Pero sí así 
fuera, esta sería una prueba mas de que todo 
el mundo conoce la justicia de nuestra causa. 
Pero lo cierto es que España es la autora es- 
elusiva de la prolongación de la guerra.** 

Si no hubiera otro dalo que la publicación del 
papel que refuto para creer en la existencia de esos 
agentes, bastaría ella para hacer nacer sospechas de 
sama gravedad. Es mui particular que ahora que 
España invita á los Americanos á tratar con ella so- 
bre reconocimiento, no hayan aparecido esos o6cio- 
sos mediadores, con el mismo calor que otras veces. 
Si hai manejos y agentes, dicen los libelistas, sedal 
que todo el mundo conoce la justicia de nuestra 
causa. Es decir que, si los interesados en la mortí- 
fera guerra pasiva que sufrimos la prolongan, nos 
hacen un grandísimo favor ; porque nuestra causa 
es la guerra. Mas abajo agrega, que Espafia es la 
que prolonga la guerra/ luego España defiende 
nuestra causa ; porque prolonga la guerra ; qué dis- 
paratar!. • • .| España prolonga la guerra ! ¡ España 
que no excluye base para tratar de paz con noso- 
tros! I España que recibe Ministros con el preciso 
objeto de hacer la paz !• . «^ { Qué vergonzosa con- 
tradicción ! 



2.\ 4.% 5.% 6,* y 7/ 

" Es falso que la parte ilustrada de la España 
haya querido nuestia Independencia. Teati. 
go D. Francisóo Martínez de la Rosa que en 



( 8 ) 
1822 dirigió una nota á las potencias Euro- 
peas, manifestaiylo el peligro que semejante 
reconoQimieatp ofcecia á la legitimidad : Bar- 
daxi oponiéndole en 1821 á qiie el Brasil re- 
conociese independiente á Buenos Aires : el 
Conde de Calderón, Morillo, Canterac,Valdez 
que hicieron destrozo en los Independientes : 
Toreno que (Jecia ignoraba á qué especie de 
animalesi pertenecían los Americanos. Si 
ellos quieren la paz que la proclamen. Poco 
nos importa el enojo de la España. Si nos 
convidi^n á tratar los liberales qs porque les 
tiene cuenta : ellos no desigrum base, ^oso- 
tros somos vencedores y nqs degrjadaríamos 
si fuéramos á buscar la g^LZ*" 

Les libelistas mencionafi Itt éjpoca más sangríenlac 
de ki guerra de>hi Independencia cuando los Espa- 
ñoles doniinabou con »ü9 ejércitos la parte princi- 
pal de América ; coando en: Espafla se estaba á obs« 
euras sobre ht naturaleza de la insurrección y re* 
corsos dé los qoe fo promovían ; cuando la Santa 
Alfenza gobernaba con sn política á toda la Suro- 
po^ y se refiérett^'á la conducta que guardaron al^ 
gnnosÜhetñ\e9 en Icsbar^ SI y S3=, para proba» que 
t0dú9 los libesales opinaban poR- lá esclavitud d^ 
América. E^tOt vale tanto como si se di|era^ que' 
pues los libelietaft qne combato opinan por la pro-< 
longaciíen^ dé la matanza entre hombrea- qne profb* 
san la misma reKgion, hablan el' mismo idioma y 
tienen W mismas costorabrer; todos los America- 
nos deberán estar decididos por ella. La razón no 
triunfa en los consejos de las naciones, sino después 
qoe los revecfi8>. dct lasr aroms han» ensacado á cono- 
cerla ; y no se citará nación alguna que haya ce^ 
áiégk.\^lgm^<m^d^^^ teti^ilpfú^^ juicamente por- 
i^s^mt lerlN^bé r<iátÍMmdM^« qüal^.paseia con in- 
JHftkía.. ihA Ii)C^ÍjlÉ€tflAj»Miiooió^la; Independen- 



( 9 ) 
éeiititt ée Norte^América porque los escritos de 
Francklia y Wilkes, éesmostrabak á la evideMÍa, 
que los Norte-americanos teniaii razón ? ¿ Cuándo 
reconoció Francia á la República de Haití i ¿Caán- 
do Portugal al Brasil i Solo después que ia tíc- 
torta dtó autoridad y esplendoró los alegatos de 
los alzados. (1) El Sr. MaKinez de la Rosa en 1882 
veia con recursos inmensos á la Espafla, y i fuer de 
amante de su pais debia procurar sacar las posibles 
ventajas en su favor. Sinembafgpo,áprincipioBdelafio 
S3)Coando la opinión de les Espadóles se ilustró alg^an 
tanto, ee promovieron, por esos mismos liberales t 
quienes ee calumnia, negi>ciacibnee para preparar el 
reconocimiento de la Independencia. Ellos eitrntron 
alas ciudades independientes comisionadüs étnitar 
de este ol^eto, sio entrar en averiguar d se apartaba 
Espafia 6 no, al dar este paso, del cansado formula- 
rio de la etiqueta diplomática. Agregúese á estÍA 
buenas disposiciones, que desde 18SS hasta la fecha 
han pasado once Años ; y once aSob bk política 



(1) <>La resistencia que tiene un é&ito feliz es una nevo- 
hu¿on y no una reieUan* La palabra rebeMe está escrita 
en la espalda del hombre fugitivo : la que dice reFÓlucion 
brilla en el pecho del guerrero. victoriOBo. j Quien sabe si 
lea americanos desprociando nuestras amenazas insensatas, 
después de haber desenvainado la espada arrojarán la vaina ! 
I Quien sabe si deutio de pocos años no festejarán la era 
gloriosa de la xevelucioii de 1775, como nosotros celebra- 
mos el anivecsarlo de la revolución de 1668 ! Si él cielo 
no hubiera :&vorecido los generosos esfuerzos de nuestros 
padres por la libertad, su noble sangre hubiera empapado 
los cadalzos, en vez de la de los rebeldes Escoceses ; y 
este periodo de nuestra historia que tanto nos honra, hn« 
biera sido calificado de rebelión contra las autoridades legí- 
timas, y no poc una resistencia autorizada por todas las 
leyes humanas y divinas.*' — WWces arengando á los Comu- 
nes de Inglaterra en favor de los norte-americanos. 



( 10 ) 
ba dicho el Sr. Martínez de la Rosa tratándose d« 
América, equivalen a v» siglo. 

Aún en esa época de 1832 habia entre la parte 
ilustrada de los liberales muchos decididos por la 
Indepi>ndencia. Moreno Guerra decia que la gtter- 
ra de América era mas inmoral que el comercio de 
negros; y Mina que hoi manda los ejércitos Espa- 
ñoles, se espresaba en términos equivalentes. Es 
cierto que todos esos generales, á quienes se nombra, 
pelearon contra los americanos; mas debe advertir- 
se que en su calidad de militares no podian eximir- 
se del compromiso de sostener las banderas bajo las 
cuales se hallaban alistados. También pelearon 
contra los independientes ; Paez, Iturbide, La-Mar, 
Santa>Cruz, &c. <y por esto se ha de desconfiar de 
la rectitud de los sentimientos que mostraron des- 
pués ? En las guei^as que se mencionan se come- 
tieron atrocidades ; pero la guerra se hacia á muer- 
te por unos y otros, y unos y otros se fusilaban pri- 
sioneros y partidarios, j Mas á qué se citan hechos, 
consecuencia forzosa de la guerra, y se despierta la 
venganza cuando todo conspira á que haya paz, y á 
que desaparezcan los odios ? i No prueba esto po- 

breza de razones ? , , , , j- 

El Sr. Conde Toreno vertió en el calor de la dis- 
cusión, la espresion é que se ha hecho referencia. 
Ella, empero, fué rebatida victoriosamente por va- 
rios diputados á Cortes. Y aunque de las palabras 
de un individuo fuera culpable toda una nación, 
no deberían estas ni recordarse ; si se traen á la me- 
moria los diversos escritos de Americanos en que se 
ha pintado á los Españoles con los tintes mas ne- 
gros y horribles. Léase las obras de Mier, las de 
Guerra, los periódicos contemporáneos á la lucha 
de la Independencia, las discusiones de los Congre- 
eos patriotas; y se verá confirmado lo que digo. 
Estas hipérboles, estos ultrages convénian mucho en 



( 11 ) 

80 época para ridiculizar al enemigo y hacerlo odio- 
so. Este es an medio de guerra tan legítimo como 
otro cualquiera, y á nadie debe reprocharse que lo 
usase' en justa represalia. 

Poco nos importa (decis) el enojo de la Eipaña* 
Nototros hemos rechazado á los Españoles de nues- 
tro territorio ; pero no hemos destruido la mina de 
sus recursos venciéndolos en su propia tierra; to- 
mando sus fuertes ; subyugando sos pueblos; que- 
mando sus naves y apoderándonos de sos tesoros. 
Todo esto es necesario para despreciar el enojo de 
una nación. Aunque fuera como se dice yo con tes- 
taria con Saavedra (2) ^^qoe cuando la paz es firme 
^^ y segura, ningún consejo mas prudente que abra- 
<^ zar la, aunque estén victoriosas las armas, y se es- 
^' peren con ellas grandes progresos, porque son va* 
'* rios los acádeníps de la guerra^ y de los sucesos fe^ 
^ lices nacen los adversos. ¿ Cuantas veces rogó con 
^Ma paz el que antes fué rogado? Mas segura es 
*^ una paz cierta que una victoria esperada; aquella 
^^ pende de nuestro arbitrio, esta de la mano de Dios; 
^^ y aunque dijo Sabino que la paz era útil al ven- 
« cído y de honor al vencedor, suele también ser 
'* útil al vencedor, porque la puede hacer mas ven- 
^^ tajosa, y asegurar los progresos hechos. Ningún 
^' tiempo mejor para la paz que cuando está venci- 
<< da la guerra. Por estas y otras consideraciones, 
^* sabida en Cartago la victoria de Cannas, aconsejo 
^ Hannon al Senado, que se compusiese con los Ro- 
^ manos, y por no haberlo hecho, recibieron después 
^< las leyes que quiso darles Escipion.'^ (3) 



(2) Empresa XCVIIL 

(3) Napoleón desechó con altivez las proposiciones de 
paz que le hicieron las potencias coligadas : su gloría era 
inmensa : inmenso su prestigio ; pero vencido en Waterloo 
murió prisionero en las rocas de Santa Elena. 



< 19 } 
Pse^ámia da si los UbcraUs quieren la paz por» 
ftiir ks Aae# cuenta. Esta es una solemne simpleza» 
Nadie obta ea aegociostaa graves par ona genero* 
Bidad platónica, sino por niotifos de ínteres. Se 
taclia de queao se Ivi seftaladahaee para la negocia- 
cioa« JSL Sr. Ministre Martines de la Rosa dijo em 
•• caita al St. Gesta) que Su 91^ la Reina no escluia 
base otguna. Ne» dc^ja^pues, ea plena libertad de 
señalarla» No pedia dar una prueba nías positiva 
de firaaqueaa y liberalidad. (4) 

Lid bomtlladott entre las naciones consiste en la 
cesión que una hace á otra de un derecbo qae I» 
competía, sin ser rencfda 6 Ibrzada á ello, y solo» 
por cobardía y dita de dignidad. La humillación 
no nace de ceder un punto ó dos de lo que prescribe 
et catecismo de la etrqcreta, sino* de entregar lo que 
no» pertenece como hombres. La eaiegori» e«tre 
las naciones no ha sido inventada para marear á 
unos pueblos eon un oprobio permanente, y á otros 
con una superioridad ofensiva. Las categeria» sir- 
ven para arreglar el orden de las transaciones y pa- 
ra evitar diferencias y choques. Es muí accidental 
que España nos envié Ministres, ó nosotros á Espa- 
ña ; y aunque en razón de esas caiegarías pudiera 
pretenderlo, como demostraré mas adelante, se ha 
visto qile ella cuida poco de esto, cuando en otra 
ocasión nos los ha enviado. En este parlicular de- 
be únicamente atenderse á lo que disponga la «nryo» 



(4) Después dé haber vencida en itus»ing6 ftnmos á 
buscar la paz á la Corte del Janeiro. El Empciador no hft« 
bia propuesto bases: nosotros la propusimos. Se eatrd 4 
tratar y el resultado fué la libertad de un pueblo y la exis. 
leacta de una naciea. Muí dÍAlante estaba el Bmpeíador de 
calcular laa bases qae se le propusieron. El éxito ha 
]probado el acierto ccm que procedió la administración de 
aquella época* 



( 13 ) 
1^ ó & l»<|tt6 aconseje la coittun coDvenieiriua* Asi| 
oota4ro% auBc|tte v#acedor«ai no ttmnioa ¿ mengua 
mandar pleni|M>tenGÍario8 en dos dÍBlintat ocasiones 
á la Corte del Janeiro á tratar de paa^ Asi lo» Ro» 
manos enviaban Jegados ana á los pueblos vencido^ 
ápiroponer lae condicionea de la tregua ó del sosne* 
timiente. La sustancia de la cosa es la que decida 
de La homUlacion. Si obtenemos nuestra indepen* 
dencia sin condicionea vergonzosas, awn^ue el tra- 
tado se firme en la corte de Madrid^ nos cubriremos 
de gloria;; si la admitiéramos con menoscabo de 
nuestro bonor, nos echaríamos un borrón ignomL' 
nioeo, aunque el pacto fuese celebrado en la plaza 
de la Victoria, por enriados Españoles que al efec» 
to viniesen k nuestras playas» La acción v. g, de 
ir á casa de un enemigo* ao puede ser mirada oomo 
una bajessa; perosí^ el que entrando mi contrario 
á mi babilacÍGA con la cabeaa cubierta ya me dea* 
cubriese por miedo de irritar au eao}^ Y por esto 
dice el mismH Saavedra, á. quien nunca me cansaré 
de citar ^^ que la guerra ea una acdoa pública en 
'^ qne va la eouservacion de todos, y $kOi seha da me* 
<< dir con los puuios^ vatios de la reputaeionf sino con 
^' el interés, y coovenieneis^ p&blicaJ* (5) 

Naidie ha mendigado la paz á España t nos la o|re« 
^ y nosotros debemoe aceptarla^ La paz ea ui| 
bien tan importante para ella cooio pata oosotro&t 
y conviene que de conaono trabi^emoa por obte^^ 
nerla. 

** Dividida la Etpaia por la guersa drü, 
no puedo aer libre ai fiíertew^ 

La gnerra civil esi4 reducida en fispaSa á una 
sola provincia. Las domas se ballao tranquilas, y 

(d> Smpiesaa LXXXIV. 



( 14 ) 
en posesión de las prerogativas que conslitoyen «1 
hombre libre. D. Carlos ie defiende en las monta- 
fías de Navarra y Vizcaya como Larrochajelin se 
defendía de los Republicanos en la Vendée, como 
Pincheira guerreaba en los Andes contra nuestros 
soldados. ¿ Impidió la discordia civil de la Vendée 
el que gozaran los Franceses de libertad? ¿Ese 
cáncer que les consnmia el corazón, el que llevasen 
la gloria del pueblo francés hasta las Pirámides de 
Egipto, y el que tremolasen sus banderas vencedo- 
ras sobre- los mutilados templos de Babilonia y Je« 
rusalen? Mui errados van los que tomando por 
punto de comparación lo sucedido en 1823 vaticinan 
la ruina de Cristina. En 1833 un puñado de libe- 
rales, que no querían pelear con sus hermanos de 
AméricQy se alzaron en las Cabezas de San Juan, y 
sometieron al Rei á una Constitución : toda la Euro- 
pa conspiraba contra ellos con su actitud armada, 
con sus insolentes congresos, y con su oro : el Rei 
conspiraba, también, y se decia esclaver de sus vasa« 
líos : los facciosos inundaban las provincias Vascon- 
gadas, las Castillas y la Cataluña: la guerra de 
América distraia los ánimos y las fuerzas; y á pesar 
de esto para vencerlos fué preciso que interviniera 
la Francia con cien mil soldados, y que el engaño 
desarmase á las legiones de Ballesteros, de Avisval 
y de Morillo.. Toda la grandeza se pronunció en 
aquella época contra el siatema liberal, todo el de-^ . 
ro, todos los poderosos. Una licencia desenfrenada 
se habia apoderado de la prensa: las furias del sanco- 
lotismo de las plazas y cafées; y las sociedades secre* 
tas de los consejos de los subditos y de los mandata- 
rios. Hoi cuentan los liberales con la legitimidad, con 
el apoyo de una Reina sabia, con la cooperación de la 
grandeza, con la del alto clero, con un ejército nu« 
meroso y aguerrido, mandado por renombrados ca- 
pitanes, con una milicia entusiasta, con los hombres 



( 15 ) 
iIuatrado8,y con la mayoría del pueblo Espaüol. Tres 
potencias les ayudan con sos escuadras y les ofrecen 
sus ejércitos ; y las victorias obtenidas en Portugal 
les circundan con todo el prestigio del triunfo. La 
moderación y el cálculo han reemplazado al valor 
demagógico* La prensa ya no es una bala roja sino 
la espresion de los hombres sensatos* Los poderes 
están deslindados, y no se confunden; y las palabras 
que Fernando pronunció al espirar resuenan en el 
corazón de todos los Españoles : ^^ sostened en el 
trono á mi hija, á la descendiente de la Católica Isa- 
bel/* Todo el mediodía de la Europa está intere- 
sado en el triunfo de la libertad española : esta es 
guerra de principios y no de succesion. ¿ Y D. Car- 
los ? D. Carlos es hoi un faccioso de nías : en el año 
entrante será uno de esos méndigos ilustres que por- 
diosean en la Alemania y en los Estados del Papa— • 
2 Y la España es fiíerte ? — Sí : es fuerte poi' la ra- 
zón que tiene enemigos : se ha armado en masa pa- 
ra contrarrestarlos. 

Concluida la guerra será aún mas fuerte. Se ha*- 
Hará con un egército disponiblo, con una escuadra 
pronta, y con toda la prepotencia que le darán sus 
victorias y la unión íntima con las potencias princi- 
pales del globo. La ocasión de tratar es esta en 
que se halla distraída por las divisiones intestinas, 
y por las atenciones de la política exterior: si 
aguardamos á que esté en reposo, tendremos qué 
tropezar con exigencias exorbitantes. Cuando el 
negociador quiere sacar partido de una nación elige 
las coyunturas de apuro, y huye de las épocas 
tranquilas, como el navegante de los mares en que 
reina una calma inalterable. 

¿Y si D. Carlos triunfase no invalidaría los tra* 
tados ? No los invalidaría : cuando las casas de co- 
mercio españolas hubiesen invertido sus caudales 
en espedicionesá América, cuando estuviesen pre- 



( 1« ) 

purados á nuevas e9pecntadone8, cuando existiesen 
anudados los laíos de amistad qne la revolución de- 
saló ; ni D. Garlos^ ni todos los déspotas del myndo 
serian capaces de renovar la guerra. El orgullo im- 
pidió á los cortesanos de Fernando firmar el recono- 
cimiento de la Independencia ; y cuando los de D. 
Carlos se encontrasen con un hecho, cuando su va- 
nidad no tuviese nada qué sufrir; recogerían el pro- 
vecho y sellarian los labios. Pasaron los siglos en 
que los Reyes hacian perecer de miseria á los pueblos 
porque asi le placta á un fevorito ó á una concubi- 
na: pasaron esas épocas funestasen que cerraban los 
paertos y destruían el comercio para mantener la 
bárbara política de sus Ministros. No : ellos ya no 
dirán ánn pueblo mercader ^arruínate; mi amor 
propio lo exige; ** porque brillaría el puftal, y en 
esas tablas forradas de oro, con que ofbscan á la mul- 
titud, hallarían sti lecho de muerte. 

D. Carlos no vencerá : su triunfo seria el del ab- 
solutismo en Europa. El sol que alumbre su entra- 
da á Madrid alumbrará también las ruinas de la 
Francia y de la Inglaterra Constitucional. Zuma- 
lacarregni tremolará sn estandarte morado en la 
puerta del Solj cuando el cosaco vivaquee en la pla- 
za de la Revolución ; y el austríaco clave su bande- 
ra en ia Torre de Londres. 

8/ 

" No tenemos necesidad de husftar un de* 
xecbo que poseemos ; si un terremoto hubiese 
hecho desaparecer la España i adonde ina'- 
mos á buscar ese derecho ? Hi^ Yd. da 
cuenta que el volcan reventó*" 

lios libelistas ó no entienden la materia ó proce- 
den maliciosamente. Todo pueblo oprimido tiene 
|. la fiicnltad de hacer cesar la opresión ; este es un 



( 17 ) 

derecho primitivo é indispotable. Mas 4iai otrd 
convencional j coya renuncia es necesario obte- 
ner para poseer la independencia en toda su ple« 
ortHid. Este derecho es el que conserva el So- 
berano destronado para invadir y reconquistar la 
tierra que ha sacudido su obediencia ; derecho que 
le han reconocido á España todas las potencias eu- 
ropeas ; derecho por respetos del cual, no recono- 
cen ni el hecho de nuestra independencia muchos 
poderes europeos. Por qué España no ha renun- 
ciado este derecho, carecemos los americanos de esa 
perfecta soberanía, que tienen las potencias que no 
se hallan en nuestro caso. Nada es imposible en la 
guerra. Difícil sería que España nos volviese ¿su 
dominio atendidos sus recursos y los nuestros ; pero 
no imposible que pisase sobre algunos puntos de 
nuestro territorio auxiliada por otps poderes euro- 
peos, y que intentase hacer de ellos otras tantas Co- 
lonias. Recuérdese que los romanos sujetaban con 
pocos hombres á mochos, y que hacían obedecer su 
imperio eu regiones remotas y de dilatada estension. 
Recuérdese que un puñado de portugueses al mando 
de Gama se hizo señor de la India: recuérdese los 
medios de que se han valido los ingleses para arre- 
batar esta preciosa conquista, á los holandeses, por- 
tugueses y franceses, y se verá si la idea de una 
invasión participa de esa imposibilidad que esclu- 
ye todo recelo y precaución. Ya se vé (y tengo 
el mayor placer en pronunciarlo) que brazo abrazo 
no nos reducirían: que moriríamos antes : que emi- 
graríamos al interior de nuestros campos. ¿ Pero 
todo nuestro heroísmo impediría que un ejército de 
estrangeros quemase nuestras ciudades, violase nues- 
tros templos y ultrajase los sepulcros de nuestros 
padres ? ¿ Impediria nuestro heroísmo que los ene- 
migos levantasen murallas y se encerrasen, y que 
de su interior saliesen, como tigres cebados de en- 

3 



< 18 ) 

treftal daveflias, á degollar i iiMsiros mancebcray 
á haeer esclavas á nuestras mtigcre» y á Ruestre» bi* 
jos ? i Soinos Dosóftros de ooa rata soperior a la do 
esa nfralthtid de pueblos, TÍctima» de la ambietoo 
eúrepeá ? ¿ De qué sirvieron ¿ lo» indios sus moo^ 
tauas^ sos Éaares erizadcMS de eicollos, sus fiebres 
mortíferas, sus conárcas enveaeaadae j tantos otros 
ob»táeuloe cOb qiie la naturaleza fortificó su terri- 
torio ? j Eaasi ventajas pudieron libertarles de ser 
tributarios infelices del britaifo y del Batavo ? De- 
cís que sofloros rkos: este es el aliciente tras el 
cual se precipitan los hombres europeos. 

£h todos los casos históricos qae he mencionado 
el oro y las artes de los invasores pusieron en armaa 
al hijo contra el padre, al hermano contra el her- 
mano : los propios naturales de la tierra so presVa^ 
ron por un vergonzoso salario a subyugar á so pa«> 
tria: ¿ ser carceleros y veidugiD» de sus paisa* 
nos. i Podemos responder por todos los que habi« 
tan en Sud América? ¿No éod ellos hómbireecon 
las mismas debilidades que los que cosechan la pi« 
mienta y el clavo en las riveras de Orixa y Coro- 
mandel ? La renuncia de Españaá los derechos qne 
alega sobre América traería ademae la ventaja pre<* 
ciosa de asegurarla contra la intervencioa europea* 
En Europa se disputa ea el gabinete y en el carapO 
de batalla el triunfo de ub principio «obre otro, que 
pugna Qontínuam&nte con él. Hablo del primíipio 
de libertad y del de opresión — Sí éste se sobrepu*- 
siese eo Europa al primero, trabajo nos vendría. 
Los absolutistas procararian destruir la hoguera 
cuyas chispaa han incendiado por dos veces el mun- 
do antíguoM*.á el Saiieta saotorora de la libertad«.M& 
las tlepúblicas de América : á protesto de tfansa^ 
la cuestión pendiente entre España y sos ex-Colonias 
pretenderian pacificarnos y dándonos Reyes unifor- 
marnos á so sistema ; y como la eue^ioH estaríii 



( 19 > 
pendiente, so infamia se cabriria con un velo de 
equidad y de justicia. 

Recaaocidos iadep^odiea^es por la España, nada 
de esto habría q«e temer. Aun^iue entre las nació- 
Bes «o bai oti tribunal, el código de sus Leyes lla- 
mado derecho de las gentes existe, y el deseo de la 
propia conserva<;ioii la« bace ser jueces de si mismas, 
en la observancia de ciertos principios, sin los cuales, 
la existencia delasoberania respectiva de lospofibibs 
sería altamente precaria. Uno de «líos es está m* 
xtma de «terna justicia. No se debe consenlir que 
In independencia de un pueblo deuiparexcaj porque 
asi lo quiso otro de msisfi/terza b fortuna. Así eiián- 
do Napoleón llevado del -eepíri^ii de cooquista pre- 
tendió reducir á la condición de Provincias <del Im- 
perio á los Estados colindantes con la Fimacia ; se 
mancomunó toda la Eur-opa para salvar el sagrado 
principio de la independencia d® las aaciónei. 

Renunciando EspaOa á lod derechos 4i:tte alega 90- 
bre los nuevos Estados, ya nadie puede mov^es 
guerra para colonizarlos ; no r^econocidos, todos po* 
drán osar acometerlos, bi^o la «apa de auxiliares 
de la Espafia. No eoaseguirán sas filies; pero sí 
arruinar el comercio y la naeieate industria de 
América, bacerse tai vez -dueños de sus priacipale^. 
islas y aún establecer fuertes en las costas. 

Considérese si importa ese ¿í«reci^(», y ei el decir 
que él nos falta es una blasfemia contra la Indepen- 
dencia. ¡ Hombres de miras limitadas ! vosotros no 
penetráis lo futuro, ni convinais lo futuro x:on lo 
pasado y lo presente. Los males que no pesan ya 
sobre vosotros las reputáis imposibles : nada preca- 
véis : vuestro Mundo es vuestro bogar \ y os .parece 
un sueño que la tierra dé vida á otros pueblos dtfis- 
rentes de aquel en que la suerte os biso naoer. 



( «o ) 
9.* 

'< Aunque se le suponga á la España ^taa 
poderosa como bajo el reinado de Carlos 5.^ 
no podrá recolonizar á la América. Los hom« 
Wes que la restaurasen á la prosperidad no 
son de los que piensan en colonias*" 

Los libelistas coiisideraD á la España, con abstrac- 
ción de la fuerza que puede darla las convinacio- 
nea de la política Europea. Sé bien que la recolo- 
oisacion no se efectuará nunca ; porque los gastos 
serian mui superiores á los productos que reportase 
la Europa de la conquista; porque sería necesario 
repoblar en gran parte la América, pues sus actua- 
les habitantes darían su vida antes que rendir el cue- 
llo á una cadena detestable. Mas no sucede lo mis- 
mo como he dicho ya, en cuanto á la adquisición que 
España intentase hacer de los puntos mas valiosos de 
nuestra costa ; no reconocidos y débiles por las dis- 
cordias intestinas no podriamos acaso resistir; y del 
mismo modo que la bandera de San Jorge flamea en 
nuestras Islas Malvinas, flamearían quizá (¡Dios no 
lo permita !) los Leones de Castilla en otros para-^ 
ges no menos importantes. Dicen los libelistas que 
los hombres que piensan. en colonias no son los que 
han de salvar á la España. Como se equivocan . • • • ! 
Esos grandes genios que aparecen para bien de soa 
respectivos pueblos son tan nocivos á los estraños, 
como benéficos á sus paisanos. Ellos procuran en- 
grandecer su patria ; y se les dá poco que á trueque 
de ello sufran la humanidad y la justicia. Su ca- 
rácter predominante es un egoísmo de Nación. El 
Gabinete Ingles es el mas ilustrado de la Europa ; 
pero también es el mas emprendedor. •• «el mas osa* 
do: dígalo la India. El Gobierno Norte-america- 
no es el maa liberal del mondo ; pero Tejas amena- 



( «1 ) 

«ada iDceaantenieóte ; y las Floridas ocupadas por 
queesi congenia á su política, confirman qoe el ser 
benéfico para con los de so casa se aviene muchas 
veces, con la opresión de los estraños. Ser patriota 
es el mas alto grado de la virtud que se nos enseña ; 
y para esto basta que amemos una parte mínima de 
la tierra en que hemos nacido. 

10/ y 11/ 

" Según la opinión de M. de Pradt la re- 
conquista de las ex-colonias por la España es 
un delirio : lo que se podrá hacer es prolon 
gar la liLcha, Ningún soberano de Europa 
auxiliará á la España para que haga colonia 
á un pais abierto al comercio de todo el mun- 
do. Tuvimos bastante arrojo para declarar- 
nos independientes en 1816, ¿ pesar de que 
eran aún realistas la mayor parte de los Es- 
tados Sud-Amerícanos, y quiere el autor del 
Voto de América que tengamos miedo de las 
locuras de los absolutistas. Bien caro les 
cuesta sus locuras y la esperíencia les ense- 
ñaria á no ser locos y necios." 

La cita de los libelistas favorece á mi opinión. 
Jamás he dicho que las Repúblicas Sud-Americanas 
puedan ser reconquistadas por los soldados de Es- 
paña. He opinado mui al contrario ; y en las pá- 
ginas anteriores he apuntado las razones queme 
asisten para pensar asi. Dije que lastimado el amor 
propio de los españoles con la repulsa qOe se hicie- 
ra á sus proposiciones podian renovar la guerra: que 
esto mismo sucedería, si poco previsores» despre*- 
ciábamos la brillante oportunidad que nos ofrecen 
las fevorables disposiciones de >a actual Reina de 
España : que dejábamos correr el tiempo, y que dos 
esponiamoB ¿que si triunfábanlos absolotistea en 



í 22 ) 
Guropa, se uñasen con la España y viniesen con 
el hierro y el fuego á renovar la» pretensiones de 
esta nltioia potencia» Estas no m>n paradojas. La 
l^uerra en que actoalmente se halla empefiada la 
Europa (lo repito) no se funda en intereses dé co- 
mercioysinoen las opuestas pretensiones de los Re« 
yes - y de los pueblos : si la fortuna coronase á los 
primeros, América sería el punto á donde concen- 
trarian su atención. Los principios que en ellapre- 
dominan serán un eterno obstáculo á la consolidación 
del absolutismo en Europa. ¿Y cuanto.no adelan- 
tarían si encontrasen la cuestión que separa á Espa- 
ña de sus ex-Colonias, en el estado actual en que 
se halla ? Esto mismo afirma M. de Pradt á quien 
se cita con tan poca cautela. ^*La América (dice) 
no es cosa que se puede tomar dos veces : se prolon' 
gara la lucha y nada mas.'' ¿Y la prolongación de 
una guerra tan terribU haría poco mal á nuestro 
naciente comercio ? Este empeño de los absolutis- 
tas, q«e rep«to yo por nna locura, i no sería una 
pkg^ de las asas hoirorasas qne hayaii pesado 
sobre América ? lia esperieocia, éicen los libe- 
listas, enseñaría á los déspetaa á reportarse, i Y 
cuantas lecciones se necesitaría para formar esta sa- 
ludable esperieneia? Han recibido m^iehos y mui 
tristes desengaños en tres lustros de locba, y nada 
han podido aprender. ESI ios no se cnran de las mi- 
serias de sus snbditos, «ino de las exigencias de su 
irsniidad, y iMindarán ol sapnloro rnia generación 
tn» otra, ánies de oomooer esta indisputable verdad. 
^^^Sciñ impotentes para snbyngar á los Ubres do 
Ai&ériea«''-^No>e6tf>o eietéiiira lio dofensn, «el ánieo 
^e podemos abrazar, es cierto q-ue tnnta el mal ; 
pero os des^royeado el fiaieo. Tengo á la Vista el 
plan q*ue se propuse 'al ^obíemo de Buenos Aires, 
paraTOsistir á la espedíoion, ^oe en I8S0 debia zar- 
par ^ Cadfs al mondo de Avisbat^ para red«etr- 



( Í3 ) 
noB á la obediencia del monarca español. L« meyor 
parte de ]o9 «iH'adoree de esta ínclita ciudad^ de 
cualquier sexo y condíciop que fuesea debiao abaa-' 
donar sus casas, los dulces sitios en que nacieron, 
para emigrar al interior, A esta medida acom- 
panabaa otras, que hábilmente combinadas para ase* 
gurar el éxito de la defensa, no eran meaos 
aterrantes por sus desastrosas consecuencias. ¿ Y 
estas lecciones eaestan tan poco, que, pudien* 
do economizarlas coo un acto de bidalguia, quer- 
ramos repetirlas, hasta que aprendan lo» déspotas 
sus intereses, cuatro y cinco veces en cada si« 
glo? El mundo actual se afana por intereses 
positivos no por oropeles diplomáticos. El que 
España golpee á nuestras puertas ¿ vale tanto que 
espongamos nuestro porvenir á las contingencias de 
la espada? España nos abre sus puertas^ nos es- 
tiende sus brazos, y nos ofrece un asiento. ¿Por 
qué no aceptarlo? Los españoles forman una 
parte preciosa de nuestras familias: al darles nues- 
tros antepasados los indios, sos bijas para esposas 
firmaron una especie de alianza que juraron sobre 
el libro de la naturaleza. En España están los des- 
cendientes de nuestros padres este es un tí- 
tulo para que ejercitemos nuestra deferencia y nos 
mostremos generosos para asegurar nuestra ebra: La 
independencia del nuevo mundo. La colonización 
ya no podria tener por base la esclusion de todas la^ 
naciones del comercio de América. La Habana es 
colonia y recibe á los traGcantes de las cinco partes 
del mundo. No se retraerian los déspotas por este 
temor de prestar auxilios á la España ; y la espe- 
ranza de dividirse el botin, seria mas fuerte qua 
los cálculos da una sana política* £1 comercio da 

las Repúblicas Sud- Americanas! Echad una 

ojeada á los mercados de Europa y veréis á mil con- 
currentes rivalizar á nuestros frutos^con prodúcelo- 



( 24 ) 
net de la Australasia y de otros puntos del globo* 
No bai capitales ni brazos, y tenemos que fundir 
nuestras obras de plata, restos de nuestra pasada 
opulencia para saldar la diferencia que bai entre la 
importación estrangera y las esportaciones de frutos 
del país. Este fenómeno se presenta á nuestros 
ojos ; porque una pelea continua impide tomar ere* 
ees á la esplotacion de la pingüe riqueza territorial. 

Necesitamos de reposo y de paz con todo el 

mundo; y sin embargo bai espíritus cavilosos que 
pugnan por eternizar las causas de la guerra. Ha- 
blan á las pasiones!. ««.El lenguaje de las pasio- 
nes es un inagotable manantial de males. Escu« 
cbemos á la razón. 

12.» 

<< Si se aumentase nuestra marina ningún 
buque español navegaría seguro. Nuestra 
marina es superior á la de España. Entre 
los años de 15 y 20 los buques colombianos y 
argentinos blA[uearon ¿ Cádiz." 

Hai proposiciones en el escrito que combato, que 
parece se bubiesen puesto de propósito para for- 
zarme á demostraciones odiosas ; porque fundadas 
sobre el absurdo me cuesta creer que las haya dic- 
tado la buena fé: ¿la babrá, por ejemplo, en ase- 
gurar que nuestra marina sea superior á la espa- 
ñola, por los triunfos que la fortuna nos dio varias 
veces sobre ella en la lucba de la independencia ? 
Para sostener la proposición de mis antagonistas 
sería menester que probasen que nuestros arsenales 
86 hallaban provistos, que nuestros diques se repa- 
raban por la labor, que nuestros astilleros se ani- 
maban COR un movimiento activo y progresivo, que 
nuestros marineros se adiestraban en el tráfico de 
on comercio vigoroso, que nuestros oficiales se 
aleccionaban en nuestras escuelas náuticas y que 



( 25 ) 
conservábamos ó preparábamos elemeiitos para ri- 
valizar á la España en una lucha marítima. Mien- 
tras el llampo y.las combinaciones de nuestros gobier- 
nos no logren disponer esos importantes medios de 
poder, por doloroso que me sea decirlo, nadie du- 
dará que la España los posee ya y que si un gabi- 
nete inhábil los inutilizó en la época á que me 
he. referido, siempre será mas fácil repararlos que 
crearlos. 

En 18S0 los corsarios argentinos y colombianos 
hicieron presas (no bloquearon como dicen los libe- 
listas) á la vista de Cádiz buques españoles ; porque 
los ricos cargamentos que venian de la Habana y de 
las Filipinas eran un premio valioso del arrojo de 
los corsaristas. Los mismos principios producen los 
mismos efectos, desde que hubiese con qué recom- 
pensar el arrojo y los costos de los armamentos, 
nuestros buques correrían iguales azares; y si la 
España sin ser señora délas mares nos hariá tamaños 
perjuicios ¿ cuantos otros no nos inferiría si tuviese 
escuadras ? ¿Es tan imposible que las tenga ?. . • • 

13/ 

"El Comercio de España importa muí poco. 
Sus vinos son teñidos con el campeche de 
Méjico. Las principales minas de sus azo- 
gues están en Alemania. Nos hablan de sus 
pieles ; sin acordarse de que la mas abun- 
dante y rica peletería es nuestra. Se nos enu. 
meran sus manufacturas que siempre distan de 
la perfección ; y este miserable catálogo de 
pequeneces se pone en parangón con nuestras 
ricas producciones, tales como el cacao, el 
café, la cochinilla, el oro, la plata, la pla- 
tina" &a. 

Nadie hasta ahora ha intentado poner en duda 
que los productos de América valen un mil por cieato 



X S6 i 
masqué I09 de Europa. Pero estos productos, como 
be dicho áptes^ se esplotan mui poco. Nuestro^ es- 
travíos politicosp y la escasez de brazos tib nos per* 
miten trabajar nuestras minas ni sembrar nuestros 
o^fppos. Para convencerse de esta verdad tip bal 
sino mirar el ^tado'de nuestras salidas y eí de nues- 
tras entradas. Llegará tiempo en que el comercio 
coh Europa desaparecerá, en que todo lo tendeemos 
en América, y en que los europeos nada podrán 
darnos en cambio de lo mucbo que necesitarán lle- 
var de la América. Mas antes que ésto sHicedaban 
de correr algunaa centurias. Mírese á la époea pré* 
senté y á nuestro «stado actoal, y no babra niio^unp 
que Se atreva á afirmar que al presente nuestr'U ri- 
quezfi disponible puede compararse con la de loÉ 
europeos. 

Al tratar de productos de Gspana sé muestran lofii 
libelistas tan i|;n orantes, que sus reflexiones á cercii 
de ellos han sido un motivo de risa para los comer- 
ciantes de esta ciudad. Picen que el vino de tS»- 
paña se tioe con el campeche de Méjico, y esto mues- 
tra que ellos no saben «i lo que es vino de España. 
I41 mayor parte de los vinos españoles son claros, y 
el carlon de^ Cataluña es morado; porque la uva 
que lo produje tiene este color. Solo algunos ma- 
nipnladorep usan del campeche para dar color á la 
composición que forman mezclando en partes desi- 
guales vino de Cataluña y aguardiente; á cuya com- 
posieion, coa la mira de lucrar, dan el titulo de vi- 
no ite Catalooa. El vino q«e se consume en Amé- 
rica <á «soepdmi de algunos poeoa^ftrgamentos de 
vinos framcctes) procede de laa vi¿^ de España ; 
poies basta los que ^ llaman de Burdeos y Oporto, 
con poquísimas escepciones, es ¥iño eátalan, mani- 

{ rulado de un modo especial. Según los libelistas 
a producción de azogues en España es insignifi- 
cante; pero si hubieran abierto un l'ratado de Gee- 



r «í ) 

§rfifia^ y vieran con m^noa pasión, hallarían qué 
li^8 mina? de azogues de la Peninspla> talcnlan 
con 1q que rinda una descubierta bace poco^ sal 
todos los ana^ sobre 40,000 quintales de azogue. ] 
misino sucede con otros productos deqiüe han habí 
4o con desprecio, ¿ de prppósitQ omitido.; como 
verj4 de los siguientes trozos sacados dé un tralai 
de GeográBa, ioipreso hace muchos afios, y que an 
hastien manos de los niños* 

^^ Ál S» p. de la ciudad' dé 4^1caraz se hallan 1 
f(|i|nQ8Jfts minas de Almadkn^ tan abundantes q 
pueden producir 80,000 quiotal^ anualmente, y s 
c^uyo beneficio deberiamos renuUcifir á las de oro 
plata q^o poseemos en nuestra^ colonias ultram 
riñas.'' (6) 

. ^^ Son niuchas y copiosas las minas de hierkt) y c 
bre, el estaño 'se presenta de escelente calidad i 
Galicia, hai varias de plomo, y de diferentes el 
sos; es célebre y rica la de Lápiz plomo'át.uati 
leguas de Ronda, y cerca del Ittediterránee ; m« 
tiernamente se ha descubierto otra de verdadero cá 
bure marcial en las montañas de Benavarre \ die a 
pellico las hai en Asturias; dé topljitany. tltunto^ d' 
^natales nuevos, en Éstremadúra y Castilla laNuev 
4e plata y pilatina en Guadalcanal. Las mi^as c 
Oirbon de piedra de Aragón y Asturias $ de est< 
dQ9 países se estraen porcibjies de azabache, que 
ae elaboran ó se venden en bruto al estranger 
^nt^e las sales q«e produce España mei^eeen ceh 
liraesi^ ademas de mil fuentes, las minas de sal g< 
ma de la Min^ranilla en la Manqha y dataluñi 
JSon taojibien memorables las de alumbré y jpaparros 
■ , I' 

(6) Hace pocos meses que se han dleip>M^ado de esi 
eiudad caigameotos de azogue español por cuenta de C( 
ni«rcMintea<iiuii cofiociltop P.ara proveer á los mimaros d 
Alto y Bajo Perú. 



( 28 ) 
en Araron ; y en los montes de Galicia las de antinid« 
nio, de sal de higuera en Murcia; de salitre ó nitro 
en varias partes; de succino ó ámbar mineral en 
Asturias y Valencia; de amianto en Granada, Ga- 
licia, Asturias, y de azufre en Murcia, Sevilla, Gra- 
nada y Aragón, de piedras estimadas, aunque no 
comparadas á las preciosas de Oriente, contiene 
nuestro reino muchas especies, como ágatas, ama- 
tista y cornalinas blancas, granates, ruvíes, crista- 
les de roca, cuarzos &a. ; y si pasamos á otras tierras 
y piedras menos preciosas, pero mas útiles á la so- 
ciedad, encierra España muchas canteras de esce- 
lente berroqueña, de arenisca, de amoladeras, de 
jaspes, de mármoles mui bellos, de feldipato, dé 
alabastro, de pedernal ó sílex con variedades muí 
interesantes, de pizarra silícea, arcillosa yalumi- 
nosa, de marga, de tierra de bataneros, de manga- 
nesa &a/' 

^^£n general en toda España se coge trigo. La 
cosecha de vino y aguardiente es grande. La abun- 
dancia de ganado lanar, cuya lana no tiene compe- 
tencia en su bondad en ningún país estraogero, es 
tanta que del trashumante^ se cuentan de cuatro á 
cinco millones de cabezas, y ocho de estantes. Hai 
' ganado vacuno y muías, escelentes caballos, abun- 
dancia de aves y de frutas de invierno y verano, que 
no ceden á las mejores de otros países. Su rico sue- 
lo produce igualmente cebada, avena, maíz, arroz, 
cáñamo, lino mui suave, seda, algodón, aceite, so- 
sa, barrilla, esparto, azafrán, zumaque, hortalizas 
sabrosas &a. Cuéntase entre sus cosechas la miel, 
la cera y la rubia ó granza para tintas ; abundancia 
de legumbres, de flores, de plantas medicinales y 
de pescado.'^ (7) 



(7) Geografía Astronómica, natural y política de Es- 
paña y Portugal, por D. Isidoro Antillon. 



( S9 ) 

£n el Voto de América enumeré sus manufacturas, 
que aunque nO tan perfectas como las de Fraacia é 
Inglaterra son notables por su mucha duración. 

En él, también demostré con estractos de la esta* 
distica del solo puerto de Buenos Aires que perdía- 
mos un millón de papel moneda en el comercio indi* 
-recto con España. Ahora reproduciré parte de lo que 
dejé sobre este particular.asentado en aquel escrito, 
agregando algunas observaciones que en él emití. 

Dicen los libelistas que nada ganaríamos con la 
libre comunicación con la Península Europea ; pero 
ellos olvidan que el primer interés en el libre ínter* 
curso mercantil es el del productor y consumidor,, 
que el comerciante no hace mas que hacerse dueño 
de los sobrantes del uno y proveer á las necesidades 
del otro, por el menos costo posibhe y que en esto 
consiste su verdadero ínteres. La situación geo* 
gráfica de los países y la analogía de sus productos 
con sus consumos, son los que hacen mas ó menos 
interesante el comercio mútoó de los pueblos. Núes* 
tra necesidad de hacer un<f^an consumo de caldos 
y otras producciones de la agricultura española, está 
demostrada por loa manifiestos del comercio estran^ 
gero que existen en nuestras aduanas; y puede 
asegurarse que la tercia parte del producto de nues- 
tras rentas indirectas, procede de la introducción 
que se hace en nuestros puertos por medio del es- 
trangeroy de los productos de la industria agrícola 
española; resultando de este hecho que nosotros 
consumimos los productos de Ja España pagándole 
al estrangero la intervención que toma entre ella y 
nosotros. Es igual el gravamen con que la España 
consume las primeras materias de nuestra industria, 
y de aquí una consecuencia forzosa. Si el comercio 
entre la España y nosotros se hace por medio de 
segundas y terceras personas que cobran un interés 
por la intervención que les damos en este giro, claro 



í 30 ) 

e« q^Q re«i^vido oetot ^hs^Áwli»^ nosetras «o un. 
eooi#feio dtte«lia con la E^fialiai. oomumróiMP 9Mé 
ppodstotoft 7 vetwleréntos nuMtiMM frotas & pnim^rw 
iniitM» ; faaomide iMicotf a la difiMeaeia qae hay entre 
la oomofti^«uin díraota da primaros productores 
eotHuniidQMB) coa U qoa resulta de iotarpoaer 
mafias i|oa neeessMriaiaaBie: aosieutaa pera su gef 
neoeia el valor de lo uno ydfsaiifiuyeo el dale otra. 

fil comatoio da Bspaoa ea, coiaparacioa eaa al da 
atrás nackMses es dmw vealajoso i parque sus lonas, 
sadas, toldos y otras dvogas no puadaD reeenplaaasse 
por puebles situadas ea tonperameaio oadnos geata 
qwt ai de eUa<» 

A causa del deesubriaieDio de la América el 
reina de Graanda y otras prov^incjaa da la Bftpa¿a 
dsjaron de pnedueír ea ^ran cnatidad, la acucar y 
otras frutea oalanjales* 

Entre las frutos da Amérif a mencieaBu los laba^ 
Itataa el eacaa« ¿Peeo quien baoe el consumo, da 
eata praaieea praduooian? ¿ateamente loa^Mietilos 
del mediodsa de la %iMip»-*^la' Espada y panto da 
Italia y F^rancta-p^y na loe pueblos del centra y 
Nartai Bato mismo as aplicable át oÉraa peoteeoiop- 
üce de Aniériea* 

Hay otra ranon muy notable en fB»or da la 
mponkanoia' de noeetro eomaraio ooa la Eapa» 
Aa : al aambíoaatra uaaay otras plansmárcantíkes 
astarírajampraen nueetro &tror, por una coaseauan^ 
aia neaesana da^ianataralaua da aaestea sandia Qif> 
cttiaata malÉlteorcy al ^ alias. Na^es aai anéva mtP 
aotMs y la Inglatarva^ qoer ha sabido arreglar sa 
aial^Hn de asooeéa de nn¿Hiodo<aaBdajaso á enrinte» 
Msaiatoeai» 

*^LíL Bspafta no nes trasmítiria él patrona* 
te; porque per sus leyes no puede tresmi- 



{ 81 ) 

tirio. Asi el Portugal no pidió á España él 
Patronato, euanclo se separó de ella.^ 

Yo advertí en el Voto qué fWtilMi eotireftciito é% 
q ue teníamoi el (mttoneto deadle que evMnos pueblos 
f^ndependieoiés; pero que el reeoneclmetile qee 
liicresé Espafifa de nuestra itrdepeadetieia diriimím 
toda duda que ai&ii pudieren abrigar Itt» persMUi 
tíiDoratasl La España no puede enagenar el )»atra* 
natoá titulo de concesión; pero sí, cuando traspasa 
la soberanía de unas personas en otras. A lo prin» 
icipal signen sus adherentes* El patronato es un 
«ierecbo que eenceroiaá toda la Monarquía Espa- 
doia, y dÍTiiUda esla cada parte debió llevar el que 
le conipetia» Ya dije que la soberanía no era inhe- 
rente ó lot huesos del Príncipe, sino en su calidad 
Ab Representante 6 primer oficial de la corona. No- 
sotros hemos socedido á los "soberanos de la Pienin» 
sota en el ejercicio de la «oberAnia de las Indias j 
luego nosotros debemos succe'derles en todas las prer- 
rogativas anexas á esa soberania-^-una Üe ellas es el 
patronato. El Portugal no pidfó jamas á la Bspafiá 
el derecbó de patronato— <•!.* Porque el Portugal 
tenia leyes distintas de las de Espalla ; pues nunca 
estuvo sujeto ni unido á ella, sino que fbé regido 
por el mismo Monarca que gobernaba á la Espafla ; 
y así Felipe Ü se coronó dos vetee; uuft en Madrid 
como soberano de fispafia, y otra en Lisboa eomb 
Bey de Portugal. 2.^ Porque en virtud tie las ra- 
zones que llevo eüpuéstas, al separars6 España de 
Portugal el que succedió á Felipe 11 en la coroma 
dé este áltimo país, le succedió también en las prer- 
rogativas y privilegies de esta corona ; ybabrendo 
iDbtenido el Duque de Braganza lo principal no 
babia de ir1& pedir lo accesorio ó so consecuencia. 

Así si un campo está sujeto i servidumbre de es- 
traflo señor ;. aunque se transfiera el dominio de 



( 32 ) 
la mitad de él á otro, no por eso la parte donada ó 
vendida qued^a desobligada; sino que cada cual 
lleva á 80 señor las cargas y ventajas que son anexas 
al derecho de posesión. 

" Al renunciar, pues, la Reina de España el derc" 
eho que pretendieron tener sus antecesores para 
gobernar á los Hispano-Americanos, reconocerá en 
nosotros el derecho de patronato y le dará mayor 
robustecimiento. 

15.» 

"Pueden venir y vienen diariamente á 
nuestro país, cuantos españoles gustan (8) 
sin necesidad de un 6rden de cosas diferente 
del actual." 

El importante asunto de emigración española lo 
han resuelto los libelistas en solo tres lineas. Y 
así es que se tratan negocios de esta especie? De- 
cídalo el desapasionado lector. Vienen muy pocos 
españoles á estos países, y toda la cavilosidad de mis 
impugnadores no alcanzará á desmentir este hecho* 
Es cierto que los españoles pueden venir ; pero esto 
es hsLblsíndo físicamente. Ellos tienen impedimentos 
morales muy poderosos, que se oponen á esa trans- 
lación apetecida. La guerra subsiste, el entredicho 
está en su vigora y ninguno quiere esponerse á los 
riesgos consiguientes á un viage hecho á territorio 
enemigo. Sé bien que la generosidad de nuestros 
gobiernos les serviría de 8u6ciente salvaguardia; 
pero estas ideas que se comprenden fácilmente por 
el hombre instruido y versado en negocios políticos, 
DO pueden ser bien digeridas por el rústico labrador 
ni por el sencillo artesano. Ellos vén un hecho y 
lo vén por el lado mas desfavorable. Hecha la paz 



(8) ¿Qué gustarán ? 



< 33 ) 
vendrían raillarefl d«^ espafiolet, atraídos por la 
abundancia de nuestro territorio, y por la libertad 
j>olilÍ€a y religiosa que en él ^se disfruta. 

fin el Voto de América rnaaifesté cuan provea 
cbpsa había sido al Estado vecino la emigración 
española de IjftS I$Us Canarias : nuestros periódicos 
han referido que á ella debe también Venezuela el 
aumento de , población y de cultura de que en la 
actuali<)ad . disfruta. Probé citan superiores son 
ellos á los colonos ingleses, franceses é italianos. 
En efecto : basta echar una rápida ojeada á la esta- 
dística del crimen en nifestro país, para advertir 
que la tercera parte de las causas criminales tienen 
que ver con los que hablan un idioma distinto del 
nuestro. Hay en Buenos Aires estrangeros digní* 
simos que son uno de sus mas ricos ornamentos; 
pero mucha parte de los subditos sardos y de 
otros reinos estrangeros que se han apoderado de 
las pulperías, panaderías, repartos y servicio del 
puerto, de esta capital son sumamente inmorales, 
y , ellos han contribuido á corromper la pureza 
de nuestras cosftnmbres. Los españoles los reem- 
plazarían con ventaja y sin dificultad. Hablan 
nuestro idioma, profesan el mismo culto, las mismas 
costumbres, vienen á un país en que basta remover 
la, tierra para hacerla producir lo necesario á la 
vida, y en el que no pueden reputarse forasteros; 
porque raro es el Español que en él no encuentre 
un pariente ó un amigo. Ellos formarían un poe- 
blo con nosotros, se casarían con nuestras hijas, y 
después de la vida sus huesos irían ¿ un común ce- 
menterio á confundirse con los nuestros. Puede 
calculaj^e en quinientos mil por cada año los espa- 
flolet que hecha la paz se trasladarían ¿ Sud Amé- 
rica. Compárese el hombre español con los de otras 
naciones corrompidas por el lujo y la miseria. Véa- 
se si estos rasgos con que los pinta un autor célebre 



( 34 ) 
^ué AntM betitftdd (9) pueden ai^UeniHe i oítti 
^tre 4 eitos. '^El «arietei- ^evieral 4e los eupafiole^ 
'^68 la circBtoBpeccioíli, la eoD«tiitieiii en la^ empresas^ 
^1 pbeo'améf* la« üotédii^d^É, lationrade^^ la^es- 
^iitiaciotí éé ra tMi1at)ra, el evimpliinreRto e^c^o 
*^ Im «bAtinto», y hi 'generosa a«ii«lad/' 

VmL ^"teíAátí de poblatvoii comptieátiai de geateé 
He esta eépecfe, lormaiía un eaerpo que neetra(i« 
taria t&ñ aa ivilluje e^oüi elementos deserganijsaderefi 
qee neis han legade una revolodtyn prol^ongadn y 
Mtitosa. Serian le tnas firme colunma del érden é 
irían reeiíiptazané^ Iti población de color; medida 
béeesai4m p^ra bacer efitia-z la igi»a1éad cítíI y po« 
Ifticd, VtenAameñto del iBÍ^témn Representativo Re* 
p^Mtcano. Bsta nnevn poMeeion, por esencia pro* 
8ncti6ra,nt]ía liatin gñéunlmente productores, y lieje- 
Hambs de pertcfnecer fi la misera condición tie rareros 
^oiísumi^hyres. 

Peto pura^tnaer esta pob)acinn sería necesario 
tehfctár tratados de comercio con ta España. Solo 
hüs áTentttretos se hmzafn, al través de los mares, á 
féfgíoned t*emotte s?n una garantía. Los lombres 
bonradns seisntanmucbtD en esto ^e viages : han de 
vivir ite sti trabajo, 7 nt> tienen la ^vol untaré 'de jegar 
Éu porvenir & lo que sucediese *: m> se esponen é 
aer vic^Tentardos en sus nsos ó en an religión. Quie* 
ten proineaaa ^jtosfitivas y s^oflemnes que afejeti todo 
temor. 

j&^ni es oea^on de tronte^tar á algunas <de laa 
i^fte^s^weB qtre snbre tratado 'ban trpantaAo 4ste 
foYle^ísta», al final Aa^ escrito. libs tratados «n 
qne se eitútílece ima recfprocMad *calcnIáiJa'en4a 
raaon de la ¿lifbrente ^cmSícitm tfe Ine ccnítratafites, 
firirorece al mas dlSbil y aumenta poco las ventajas 
del fuei'te. Erfte tace rerpetar aos propiedadee y 

(9) Ántaion. 



< » > 

|iriAcipi08 \q% HbaiifdoB qu# 1« c^ditíhiiiíi, ]&l débil 
«Bita pn^aa 9u propMtd «»aiff>pfdMa, so 4^rfi« 
«ho vejado; y .np ^iMMiwIra rei^ípifi^ídac) éigmaMiul 
•ifio cuando hay un trat^dp %|ip la aingiiv^u Qo^ 
ia ii»kin cofft el faaf ipy ^1 débU sidquiaca \^ fiiarm 
aifM'al y física de que «arecia para reústU \^ ii^iia* 
(aí% pretteaaUínes de los pías podarpape» Loe tratsidf f 
temporales no pueden ser rutnoa^t por U muUcípa 
de circunstancias, porque su término se alarga 
siempre, tomando por bcua la duración de estas* 
Tampoco obsta el peligro deque un Ministro capi- 
tule eondicioDes onerosas, porque eetas dependen 
siempre de ia ratificación del soberaiio. Tan evi- 
dentes son estcm priecipios, qoeá pesar de que las 
naciones de Europa no lo fueron en todas épocas 
nunca se desdeñaron de tratar con los mas fuertes. 
La Holanda no había sido reconocida por la Espa- 
ña, y en medio de los estragos que la causó el Duque 
de Alba, no temió ligarse por tratados con los 
poderes mas fuertes de ia Europa. El débil debe 
buscar la sombra y consideración del fuerte; á este 
principio se debe la independencia y conservacioii 
del reino de Portugal. £1 fallo de la opinión no 
se arrostra impunemente con infracciones de tra» 
tados. 

Al hablar asi me refiero i tratados con España. 
Ni Boe alucine la superioridad marítima de esta 
j^teoeia» lii historia de los tratados manifiesta 
bien que para celebrarlos no se requiere un poder 
mari4imo. Esta doctrina con relación á paisas que 
no nos pueden proveer de brazos, que es la impor- 
tación que mas debemos apetecer, sofre modifica- 
ciones mas ó menos considerables $ por lo que no 
desecho la marcha que se sigue entre nosotros. 

lüs disancioaes que en la actaalidad agitaiT k la 
España aon un poderoso agaijon para la maígra* 



( S& ) 
€idD. La Návarira y la Viseaya quír pMde Itamar^^ 
«a propiamente la Vendee Espafi^ia, e»tá decidida 
en mas de su ínitad por D. Cariot, y preferirá ir á 
TÍvir al país encantador de América ; á contemplar 
él trionfo de sos contrarios, los escombros de sos 
Tillas y ctiidades, y las tumbas de sos hermanos 
sacrificados en defensa de la mala causa del rebelde 
D. Carlos. Otro nuevo y poderoso motivo para 
apresurar la negociación. "^ 

16, 17, 18, 19 V 20. 

^No es par punto de Honor que no debamos 
enviar Ministros, sino porque enviándólos 
prolongamos el término de la cuestión* Nada 
importa que tres Repúblicas hayan enviado 
Ministros á Madrid ; porque no formando los 
nuevos^ Estados Americanos un solo cuerpo 
político bien pueden los principales resolverse^ 
sin que por ello los restantes queden obliga, 
dos. Si aciertan los imitaremos ; si yerran 
conoceremos el escollo. Nada vale el decir 
que siendo muchos debemos reunimos en 
Madrid á tratar; pues para la España no 
somos muchos sino un solo Estado, Debemos 
adoptar una diplomacia peculiar. Nos com- 
pete la supremacía porque somos mas ricos, 
porque tenemos veinte millonesMe habitantes 
y ella once, y porque nuestro rango es mayor, 
pues nos asiste la justicia y ía victoria. Si 
ha sido nuestra Metrópoli debe espiar este 
delito. La categoría entre las naciones nó 
es para determinar la primacia en el deber 
de enviar Ministros. La Alemania tiene mas 
categoría que la Francia ; pero esto no quitó 
que ella mandase Ministros al campamento 
mismo de Napoleón." 

¡Cuantos absurdos! ¿alejaremos el término de la 
cnesiton prestándonos á tratar como lo solicita E¡s- 



( ST ) 
pafia, ó menor^preciando so invitación ? ¿ Enar bo- 
lando una bandera de pazo arrojando el guante d^ 
goerra ? Si nó és por punto de honor ¿ por qué haif 
perorado los libelistas en todo su folleto por la digp 
Bfdad, el honor, la supreniacia y la razón ? 

Ya '^e sabe qoé los Hispano^Amerkáaos formamos^ 
£stado6 iódépeadíentes (aunque después dicen luis 
Ifbelistars que formamos uifo túlo) ; pero por eiltr 
mismo conviene que todos concurran á un solo pon»^ 
to, que se vigilen mutuamente, que se aconsejen^ 
que echen los cimientos al código diplomático de losr 
Hi^pano-Amerícanos; arreglando con España y lo» 
Ministros de las restantes potencias europea?, resi- 
dentes en Madrid, los principales puntos de este 
importante negocio. ¿Y cuanta mayor respetabi- 
lid^d no ofrecerá el ajuste definitivo de paz, firmado 
^or los Represierttantes de todas las Repúblicas qae 
por solo algunas de ellas? ¿Con qué fecilidad no 
desvanecerán las objeciones que se hagan por loá^ 
Ministros españoles, sobre el estado político de 
algunas secciones de América, hallándose juntos y 
én disposición de comunicarse datos sobre la esta- 
dística física y moral de sos países respectivos t Reo^ 
nidos en esta forma, nuestras mas arduas cuestiones 
con los' poderes europeos terminarían en alguna» 
horas de conferencia. Allí con el multiplicado con< 
corso de la España y de las demás Repúblicas Ame* 
ricanas, nuestra voz sería respetada ; y las Islas 
Malvinas volverían quizá á poder de sos legítimos 
señores. 

Si aciertan los imitaremos.,.. ¡Mayor absurdo 
nunca sé ha pronunciado ! Con él se hace el mas 
grave fnsolto á nuestros hombrea de Bstado, supo- 
liiéndoles tan faltos de ciencia que no puedan adop- 
tar una resolución por si mismos, sino que tengan 
que aguardar él acertijo de los otros Estados. O 
8€ del>o enviar Ministros i Madrid ó no sa debe 



í 38 ), 
enviar : ó es degradawie e«te paao ó no Iq e^ .^Si dos. 
decidíinoa por lo» primeros eis^romos no dehe^ioat 
vttcUtr un io»UQ(e ep daspacharlos.; 8JporIo^9e«i 
gundoO) no conviene mandarlos aunque todos loa 
otros Estados la bagan : lo quo es djagrado^ie ?ii $í^ 
so.pueda dejar de serlo por qt resultado, V^d Jiit>e- 
listas vuestras repelidas coiUradiocÁon.es ; tnortf^ktajif 
siMén^a ni principioii fijos; todo es par^ vosQtcf^ 
bueno con tal que redunde en dado de 1^ paz« Si 
aciertan los imitaremos! ..• ¿Y vosotros sois eso^ 
patriotas celosos de la dignidad de este país 2 No ; 
no ios sois, pues que queréis que la República Ar< 
gentina abaudone l%8 primeras filas para colocarse 
á retaguardia r... para ser una servil imitadora de 
la política de los otros Estados. lia República Ar* 
gentina ba estado siempre al frente de la marcha 
política de las nuevas Repúblicas : por ella se han 
modelado las otras; y vosotros queréis que ella 
descienda los escalones que ha trepado á costa de 
sacrificios de todo género. Vosatroe defendéis prin* 
cipios que abaten nuestro orgpUo nacional. 

Dije en el Voio que con venia fuese la reunipo da 
las partea contratantes en Madrid; porcfue sieado 
muchos y habiendo sumo ínteres en partir d^ prín* 
eipios acordes y en que no fuese parcial la negocia-, 
eion, pues esto nos fraccionaria con gravo perjuicio 
de.nueatros intereses; convenía que los Oiputadoa 
americanos se vigilasen mutuamente* También dije 
que paes trataba uno con muchos, era mas propio 
que los muchos se reuniesen en la casa del uao^ y 
no que eate fuera á la casa de eada uno de aque- 
llos. Vosotros no os hacéis carga de este Caerte 
raeiocioto, y os contentáis con esclamar, q^epata 
Mspaña tío spmios muchos sino um salo Estado. Kn 
oat^ ao vais acordes con la verdad. España jaiq49 
nos ka coasiderado como ua eolo Estado, cuando 
ka fesMado en tratados; y la ptaeba esté ea la ne« 



( S9 ) 
gocíntian ie 162S. ElVa «svíó dos Gomhi^iiRdof 
á cada República, y si hubiese considerable á la« 
eX'-Cdlotiiías como formando <»n^ soIoUs^ado, hubiera 
enviado ua Ministro que se entendiese con todas; 
Hoi mismo se ha dirijido ó cada «no de los B«tado« 
iadependieates por mediso del luínisIroaaiericaDo: no 
les ha dirigido la palabra en camón. VoRolros quie 
sois tan patriotas, aunque tal pretesidiose La Esflafia, 
deberíais empeñaros en que ia negociación fuese con 
ccufea Estado, y no fomentar una rilíeula pretensión; 
máxime caaade ^eo oij*a (parte habéis declarado fi#i; 
tm fvrmanlas nuemot Estados nn solo cverpo p%liéico. 

Debemos adopt/ar urna diphmacia pecutiar : e§ta «« 
ana Terdad ; pero mientras no exisla debeaios re- 
girnos* por la qH« han adopdtado las naciones de 
primer rango. ;0 vosotros queréis prescribirla I 
¿é<|Derets dictar aats ba«es guandando el anénimo y 
en o^a cuartilla de papel : D&kem^ «éopktr mnñ 
diplomacia peatliar ; ¿y qué «ocasión niasl)ie4hi po- 
deis escoger para esjka obra magáa, que eoando lee 
Diputados de lasiaeccieoes de América, irnufridos en 
Madrid y paesios en relación con .ios Ministros de 
las Poleecias de Europa y Amérüea, formen unii ea- 
pecáe do Cáagreso )aniversal •que la discnta y la san* 
cioae? 

Ya os .probé q»e oo émamos «na» rióos ^ae lea 
españoles, desde ^que nuesira riq^ueea neeetahá es¿ 
plotiMia ; ipues la riiqueza no io es eine cuando est& 
ánaeBiradispbsieion y fiodemes sa4»8fteercon edia 
tílias&Ras necyMida^eA» Decís ^ae ieeemos £0 mi^ 
Ikme» «de •b»bitaii&eá y Eapaaa eek» U ; pero Hdi 
Amériaa qoe os ^ q>«iefi'Se.afl«ea ese primar ^M» 
Ñame oe H 4 ititatar cotí Ikpaáa, oíoe mea de seii 
partas, m Orasil, Nonko«A«ié«a, Haiti, im fioao^ 
iiMped inglesits y aftfaOelaa, ton totalnnnte nidifei 
rentes. 

Sé bien que la población^ i^s aae^vm AepÉMi- 



C 40 ) 
cns «tobrepoja á la de Espaaa en algunos raiiiones; 
pero e«ita: diferencia es^tá compensada por varias cir* 
ciins(an<;tas — 1.^ Por estar diseminada eo territórioa 
vastísimos. S.® Por estar dividida en varias castas; 
S.^ Por componerse una parte considerable de ella 
de pueblos nómades; y como por otra parte los tra* 
tados se harén con cada uno de los Estados, y no 
con t^dos, siempre la Espada es superior á cada uno 
de ellos. Hoy se han dirijido á España Méjico, Ca* 
racas y Nueva Granada ; y por esta marcha hait 
quedado reducidos los otros Estados á representar 
en la enladística de población, una cifra mucho me- 
nor que. la que se asigna á España. 
. La justicia la dá la victoria, y conio ésta no ha 
inutilizado'Completamente á nuestra rival: como 
ella conserva una posición respetable en Europa, 
se. sigue que nuestra justicia no es tanta como se 
necesita, para que nosotros á semejanza de Napo- 
león coando invadió la Alemania, exijamos que Es- 
paña nos envié parlamentarios. Bonaparte venció 
en BU propio territorio á los alemanes y éstos no 
podían ya defender sus> prerrogativas, sino única« 
mente la seguridad de sus perdonas y propiedades. 
Nosotros hemos rechazado á loa españoles ; pero 
elloSy aunque sin fruto para sí están en posición de 
hacernos mucho mal (10) En esta posición no era 
en. la que se hallaban los alemanes. ¿ Si la cate- 
goría no es para determinar la sopreroacia en el en- 
vío de Ministro; para qué sirve? La España no 
tiene que espiar el delito de haber sido Metrópoli'. 
Ella está «uficientemeote castigada, por no haber 
alendido á ^as exigencias de las Áméricas, con per- 
derlas para siempre. So delito, si puede en política 
marececer este nombre, coosiste en haber querido 
mantener en la condición de Colonia, i un pafs que 



(10) Araucano de Chüe. 



< 41 ) 
poc Hi fueraa debía gobernarte iodepeHiiieiUmeote 
de lado poder estraño. 

Haber «Mo MeIrópoU ee un motivo fdderoeopafrfi 
pretender la suprenwcia en el envío de Minisiroa^ 
piie» fundáiidoae la ^cfeitegoria en la antigüedad de la 
Soberanía, e8 claro, que en oete punto el país eavHi- 
•aípado no puede disputar la supreoiiteia ásuantigun 
Metrópoli. Otra de las rasones que se alegan enlro 
loe Soberanos católieos es haber sido el cristiauianlo 
predicado en sus Reínoa, primero que en los 0troa 
qué se bailas en el caso de pretender laaupreiMr 
cía de categoría. Y asi el Papa aunque itiferior en 
poder á losdemaaSeberanoscaitólicoslta obtenida la 
supremacia 66bre los demás Soberaüos de la Gríá- 
tiandad. Edpaña tiene esta raeon mas en su fa- 
vor (II). 

Habiéndose inventado la categoría para establecer 
la uniformidad en las transacciones de los gobieruos, 
y para dirimir dispotas; debieron declararse las cir^ 
constancias q' debían reputarse como títulos para pre- 
tenderla : tal fué el tener una Soberanía cuya vali- 



(11) Véase á Grotius, Wolfio, Wiqueíbrt y Martens. 
Por razón de esta categoría se celebró el Tratado definitivo 
de paz entre los Países Bajos, España y el Emperador de 
Romanos, en Viena capital dé este último. Este ajuste fué 
firmado el ano de 1725, á los 80 días del mes de abril, por 
los Plenipotenciarios Batavos, Cesáreos y Católicos ; rei- 
nando en España el célebre Felipe II ante quien se pros- 
ternaba httmildemente toda la Europa. Apesar de esto, el 
tratado se discutió y concluyó en Viena ; por ser la capital 
del Emperador de Romanos, que oeupa el primer rango en- 
tre los Potentados Cristianos. El soberbio y poderoso Fe- 
upe jamás creyó menoscabada la dignidad de su corona por 
e9ta preferencia. Esto pone de manifiesto la Ignorancia 
aüprna de los libelistas sobre esta importante sección del 
Derecho de Gentes. Véa8e él Tratado de Paz ajustado en- 
ttñ la Corona de Castilla y el Emperador de Romanos: un tomo 

6 



( *» ) ' 

dez no fuese disputada por nadie ; la que tampoco 
nos asiste, mientras no seamos reconocidos por la 
España. Pero la categoría es una ventaja pura* 
mente de etiqueta, y los Soberanos ya no empeñan 
guerras por motivo tan trivial ; y se contentan con 
hacer protestas que dejen á salvo el derecho que 
presumen tener. Los libelistas afirman, que el ca- 
tálogo de las circunstancias necesarias para preten- 
der la supremacía en el envío de Ministros, no existe 
en los libros que ellos han tenido á la vi«ta; pero 
esto no es culpa mia sino de su poco estudio y de su 
mucha precipitación. 

He concluido mi tarea. Los hombres que presi* 
den á los diverses Estados Hispano Americanos, «i 
quieren, pueden hacer inmortales sus nombres, y 
unirlos al acto mas importante que ha consignado 
en sus páginas la historia: el reconocimiento de la 



impreso en Madrid el año de 1725. — Se ha «asegurado, por 
.persoaas dignas de fé, que la Inglaterra ha propuesto á la 
España, que el arreglo deñnitivo de la cuestión Hispano- 
Ameñcana se verifique en su territorio, ofreciendo para 
este caso su mediación. Es sensible que en los altos con- 
sejos del gabinete ingles se haya puesto esta clausula á la 
mediación. España ni América pueden consentirlo. A qué 
mezclar en sus definitivos arreglos á un estraño poderoso, 
contra quien existen reclamos ? ¿ no ha enseñado la espe. 
riencia los ñmestos resultados que marchan en pos de estas 
tercerías 1 Digno fiíera de la generosidad inglesa mediar ; 
pero mediar como otras veces interponiendo su potente voz 
para que se arrive á un resultado, para allanar trabas, para 
ilustrar á los gabinetes preocupados y para aquietar, en fin, 
los ánimos exasperados. Cualquiera otra cosa sería, por lo 
menos, inoportuna. Aunque la línea que separa la media- 
ción como se ofrece de la que convendria, no parece clara 
á primera vista ; no sucede asi si atentamente se mira el 
negocio, teniendo en la mano los fastos de la Diplomacia 
Moderna. 



( 45 ) 
Soberanía del nuevo mundo por el mundo antiguo de 
los Pelayos y de los Pizarros: el principio de la deca- 
dencia de esa Europa, que ha fatigado á la imagina- 
cion con sos hazañas y á la humanidad con sus crw 
menes, ^ 

Algunos me acusarán de que he pintado á la An|é« 
rica con colorea demasiado sombríos : otros que me 
he arrogado la defensa de un pleito que requería la 
pluma de un sabio y un nombre célebre en el mundo 
literario. 

A los primeros diré : nada he dicho que no sepan 
ya los europeos: y mucho be callado/ Sus viage- 
ros han cruzado cien veces el territorio de América: 
han estudiado sus producciones y sus gobiernos : 
nada ignoran. Era necesario hablaros el lenguaje 
de la verdad, porque se os trataba de alucinar con 
palabras retumbantes. To no quiero mancillar 
vuestras glorias : sino fortificar su brillo. Un puña- 
do del polvo de Maipú y Ayacucho, es mas precioso 
á mis ojos que las palmas estériles de Lepantoy 
Jerusalen. Vosotros peleasteis por la libertad : 
D. Juan de Austria y Ricardo corazón de León por 
un fanatismo supersticioso. 

Todos callaban y determiné romper el silencio para 
transmitiros las opiniones de los sabios. Ellos han 
hablado en Europa y América: yo no soi sino el 
eco humilde de sus doctrinas. Dejadme este poco 
de gloria que es mui caro á mi corazón. 



^^9^fmmmmm'mtmmmf^mw9m 



APÉNDICE. 



Para mayor confusión de los folletistas he traiis^ 
orípto de u^a c4^ra imporlante el atgiiiente estracto 
étt las principales proéacoiooes de España. 

fiíin. qprovmadQ d$ las primeras producciones del sueh dd 
principado de Cataluña^ y su importe, 

producciones! cantidad. de^vellon**' 

Um * 3©,Q0O qnintiüeB,.. 77, 5,760,000 

^a 200,000 libras 9,600,000 

Trigo 600,000 cahicea 86,400,000 

O0ii|mH> laO^ cahicM ll^fiSCMXM 

Maíz 93)000 cahicaa . 1,766^000 

ArrojB..* 8,000 cahíces 1,980,000 

Aceite 18,000 cántaros 5,760,000 

T«M 60,000 femaras...... SiMO,0tQ 

Knacas 35,0p0 sapqs. 3i360,P00 

Cáñamo ^ 18,000 quintal^ 3,024,000 

tino : »i000 qiüntfdes 1,568,600 

Corcho 99/)eO qüii^akfi 33^7ffHO0P 



Total 157,632,000 

MANUFACTURAS Y FABRICAS. 

TeUu de seda, — En el dia se fabrican en Manresa, Cardona y Mataron 
que tiene 48 tdaresj y princifMilmente en Barcelona, en donde se cuentan 524, 
en los que se tejen terciopelos, setines, tafetanes y brocados de oro y plata, y 
mnchiui gasas de seda de varios colores. 

Titfetanes, panudos y fajas rfs isifa %n hacen muchas en Barcelona, don- 
de son muchos los telares de esta clase. Reas tiene 150, Matará 600 ; y en 
cata últmia villa se fabrican al año 60,000 docenas de pañuelos. 

Torcúios de seda. — Los hay en machas poblaciones, particularmente en 
Jtorgstoui, Maiairá y Tarragon». 



( 45 ) 

Meiiaa de seda.—Se tabrican en Ten-rfrgona, en Makiró^ (Jlot, Manreiki y 
Barcelona, Matató tiene 52 telares, y Baredona 900. 

Medias dealgodon—Se hacen en el hospicio de Genova, eu Arenys dd Mar, 
VUlanuewt, Mataré, Tarragona, Olot, y Vich ; habiendo en eeta última fáu- 
dad tres fábricas, en Matará 116 telares, yea (Ha 90. 

Encajes y Blandas, — En esto se ocupan casi todas las mugeres y niñoa 
de Cataluña. 

Cintas y randas.— En estos dos aiticnlos y en los encajes se ocupan 19,000 
personas en solo Barcelona. Ademas de toda clase de tejidos de algodón se 
fiíbrican en Cataluña : sombreros, jabón, pólvora, zapatos, de los que se estraen 
700,000 pares, fuera de los que se emplean en la provincia; vidrio, lozas, 
quicalla, cuchiUeria y cerrageria, armas de fuego, papd, aguardiente, ^. 

Plan del coubrcio activo db Catalij^a. 
Esílrüeeion defuera de España. 

OBJETOS. CANTIDAD. '^D^^ELLON^'* 

Nuaws.... «6.000 sacos......;;.. M9«.ÍW0 

Aceita 8,000 cargas 2,560,000 

Coft^llQ 30,000 quintales 21,600,000 

Corcho en tapones 1,200 qj4Íotalai 862,906 

lianasosy telas de algodón de Baroel». 3, 164,000 varas 28,320,664 

Páaneloa desedade Manr«m ....... 35,000 docenas 4,900,000 

Papel 220,000 resinas 7,040,000 

Aguardiente »0,W0 pipas 25,200,000 

Zapatos 200,000 pares 2,114,284 

Vino . , (considerable) .... id. 



Tatil...... 96,096,944 

Etíraeman pafa dmim éal reimo* 

OBJETOS. CANTIDAD. ^^^y^ltQ!^^ 

lienzos y telaa de algodón da BaicaL. 1^026,041 va£a&. 7382^864 

Pañneloe de sedada Manresa lO^M» doaanaa I,400;fl00> 

Mediaade lanftde vida 12/)00 pares 48^000 

Papd 250,000 ffasmaa........ 8,000,000 

ZapatM 500,000 papes> 5,286,7l« 

SnehL :.... 4>000,0» 

CorehM 1,200 ^juiotales 862,996 



Total .2:'379,570 

£1 comercio exterior produce . . 95,093,944 



Total general . . 122,573,514 

VALENCIA. 

FrodnOQ en abundancia vino, pasas, aceite, seda, ahnendras, palmas, y dá- 
tiles, algarrci)a,frutas de todas especies, esparto, harrilla, Uno, cáñamo, eér-^ 



( i6 ) 

Irigo^ arroz^ de que ae cogen en un año común 980,000 quintales, míe/, aatt 
kennes^ Uxlo lo .cual produce un valor anual de ;{ 63, 125,000 reales de vellón. 

Plan del comercio activo dbx keino de Valencia* 
Estraccion fuera del reino, 

OBJETOS. CANTIDADES. VALOR. 

Vino 1,200,000 cántaros 9,120,000 

Vino de Alicante 800,000 

Fluas 24,000 quintales 1,030,000 

Trigosseoos 16,000 quintales 512,000 

Almendras 3,000 quintalee: 690,000 

Dátiles jT palmas 600,000 

Barrilla 100,000 quíntales ) 

Loza 25,000 quintales > 1,524,000 

Agoa-zul 4,000 quintales )....... 

Kermea 140 quintales 700,000 

Sal 6,000 toneles 888,000 

Aguardiente. 500,000 cántaros 1,200,000 



Total 16,994,000 

Total del valor de la exportación para lo interior del reino. . . .46,358,000 



Total general.. 63,352,000 

MURCIA. 

PRODUCCIONES. — Las principales de este reino son trigo, seda, aceite, 
vino, cebada, maiz, barrilla, loza, esparto, cáñamo, azafrán y anís. 

FABRICAS Y MANUFACTURAS.— Ropas y tejidos de seda, cuchfllos, 
jabón, alfarerías, pólvora, salitres y elaboración de esparto. 

COMERCIO. — La situación de este reino le hace susceptible de un co- 
mercio considerable. 

ARTÍCULOS DE ESTRACCION. CANTIDAD. dÉ VELLOí?"' 

Cnobillos, navajas y otras armaa.... 480,000 

Cintaado seda y varias claaes.w 200,000 

Esparto en rama y elaborado 400,000 

Vino de Albacete 150,000 quintatles 3,000,000 

Seda.... 440,000 Ubras..., 22,000,000 

Trigo 200,000 ianogas 6,000,000 : 

Cebada 50,000 quintales 1,000,000 

Barrillayloza 200,000 quintales 10,000,000 

Azaftan 125 quintales 400,000 

Pimentón en polvo 10,000 arrobas 1^120,000 

Naranjas y limones 8,000 quintales 

Jornales ooe se emplean enla prepa- > q iimíioo 

ración de la seda que se «Etr«6. . . , . . . { *í*wMww 



Suma... 47,360,000 



( 47 ) 
CASTILLA LA NUEVA. 

A6R]CDLTURA.~Et territorio do TorrOagwa^ bañado por ol rio M«- 

•coeva, está cnbierto de hoertaa, viñas y olivarea ; y la soberbia llanora de 
Requena presenta el cultivo mas brillante, produciendo cnanto la industria 
humana puede sacar del s«io de la tierra. Los montes y dehesas mantienen 
un considerable número de ganado lanar, vacuno, mular y do eerda ; se crian 
también muchos venados, paletos, javalies, gatos monteses, lobos, liebres, pa^ 
vos y todo género de volatería. 

La principal cosecha de esta provincia es el trigo, que eioede mocho al 
consumo de ella, y su sobrante se extrae para el reino de Valencia y oíros. Se 
cultivan también en algunos puntos de la misma provincia la viña, el olivo, 
el cáñamo, y el azafrán cuya cosecha es abundantisima. La Alcarria y 
montañas de Cuenca son muí abundantes de colmenas, que producen la mejor 
miel de toda fjBpaña, y una porción considerable de cera. % 

MANUFACTURAS.— Al presente solo hai algunas f&bricas de barraga- 
nes, paños ordinarios, sargas, y sus manufacturas de lana son bastantes nume- 
rosas y de mucha importancia. Tales son las de Brihuega, Quadaiajara 
Toledot Valdemoro y Chinchón^ en las que se hacen franelas, estameñas y pa- 
ños de excelente calidad, entre los coales se distingue el famoso vicuña. Tam- 
bién son de mucha importancia las manufiícturas de seda de Requena^ Tnkdo 
y T\tlavera de la Reina, donde se fabrica todo género de telas lisas y matixa 
das de oro y plata, todo en abundancia y de calidad muí superior. En Tala- 
vera se fábrica también un gran námero de medias de seda, y en Ceroero, 
pueblo inmediato á esta ciudad, se han estabkeido 12 máquinas, puestas en 
movimiento por cuatro bnejres, con las cuales á un mismo tiempo se devanan, 
doblan y tuercen 7,072 hilos. También hai fábricas de este género en San 
Ildefonso. De otras muchas fábricas abunda Castilla la Nueva, como son de 
diferentes telas de algodón en Segaoia ; de cerveza, aguardiente, sombreros, 
naipes, salitre, porcelana fina, embutidos en mármol, y de excelentes tapices 
en Madrid ; de galones, cintas, gorros, medias y guantes de seda, algodón, hi- 
lo y lana en Valdemoro ; de sombreros en Ouadalajara y Tataoera ; y en es- 
ta última se cuentan 6 fííbrícas de jabón, y una de loza blanca, igual en cali- 
dad á la que se fabrica en Puejtte del Arzobitpo. En San Hdefoneo trabaja 
con buen séquito una ftbrica de vidrio, y otra de cristales y fitmosas lunas de 
espejo, cuyo tamaño y cahdad exceden á los del extrangero, no desmereciendo 
por su dilatado cuadro, de la igualdad, blancura y brillantez que requieren. 
En las inmediaciones de Citenca y de la Cartuja dd Paular hai algunos mo^ 
linos de papel. 

COMERCIO.— £1 de Castilla la Nueva es casi pasivo, ¿kc ^c. 



ARAGÓN. 

PRODUCCIONES.— Las mas considerables de este reino son : triga, 
aoeite, vino, cáñamo, lino, seda, lanaa, asaftan, cebada, maíz, alnviw, chicha- 
ros, habas, barrilla, esparto, fhitas y verdnia de todas espeoies. 

Las moreras y la cria de gusanos de seda se ha leaaiaMido mucho en estos 



< 48 ) 

i&k mot años, especialmente en los término* de Zaragoza, AUtarracin, Catpe, 
Aleahiz y Albalaté, 

MANUFACTURAS Y FABRICAS.— riZio./eKc*« tiene una flibñca 
«0«l8iilerfeble4e fiólTom, y puedan- tr^jabar con actividad 80 nebnoa. Hai 
«danaa i&bríoas da vidrio y emtftlei, de acero, de jabón de barra, de auerdaa 
de víoIm y guitarra, de aoelaa, badanas y pergamino, de aguardiente. Eu Caá, 
Oriku£Ía, Tarn^y 7>moa y San Pedro, pueblos del partido de Albarracia, 
tienen martineles ó fábricas de hierro, y en cada una de ellas puede trabiyana 
al pié de 10,000 arrobas. En Jaca, Bieacaa y su partido se iabrican anual- 
mente un número coosiderable de piezas de estameñas y chamelotas De 
fBoM cotmunes fabrícaase tAmbien en cantidad en Benavarre, Cinco-ViUas, 
Ac. dkc. En todas estas fábricas pueden emplearse 40,000 arrobas de lan^ 
del peiSf mientraa que salen para Francia, Inglaterra y Cataluña al pié de 
100,000 arrobas. 

COMERCIO.— £1 principal de este reino se limita solo á la exportación da 
algunas producciones, singularmente lana, cáoamo, Uno, vino y trigo. 



NAVARRA. 

AGRICULTURA.» Les eosecbas de Navarm consisten en trigo, cente- 
no, cebada, maiz, vino, aceite, cáñamo y lino, castaños, manzanos para cidra; 
aoa pastas mantienen mucho ganado, cuya lana sale en parte para el extran- 
garo. Entre los vinos de Navarin ee distinguen el de Tttdela, que es mui 
parecido al de Borgona y el 4e Peralta, 

FABRICAS Y MANUFACTURAS.— En Tudda hai fábricas de 
jabón, y también se elaboran algunos paños, varias telas, ladrillos y vidriadA. 
En Ettdéa se tnibs^n algunos géneros bastos de hma. Allí mismo y en 
Fuente de la Reina y Sangüesa hai varias destilaciones de aguardiente. En 
Enqmi ae fabrica hierro colado, y se funden bombas y balaa de canon. 

COMERdC^El de cata provincia es casi pasivo. 



PROVINCIAS VASCONGADAS. 

AGRICULTURA.-^En Bu^mzcoa^ año vomun, k cosecha de trigo aa- 
oiMida a 250,000 fanagas. £n general la fertilidad de las provincisa Vascon- 
gados es casi íncreible. La yizca3ra cultiva el lino y el cáñamo, qoe habia 
abandonado «nteramente. 

FABRICAS Y MANUFACTURAS.-^Las tres provincias Vascongadas 
son mui abundantes en minas de yerro, y asi sus principales fábricas ^ ma- 
nufacturas son de este metal. Hai fábricas de anclas de hierro fhndido ó co- 
lado, de armas blancas y de fuego, dac. Ac. 4^. 

COMERCIO. — Los artículos de exportación en estas provincias consisten 
as WD& cantidad de tsnaa qne^eiivia al aatraoseravr hieno, y atgnnoi nsndhc- 
«ntaa deaw filbricM, onmo andas, aroMia de faago» aalderaa de aobse y «la- 
vos, pieles, cmvoa, ^orattas y a l g unos paños j «na poroion de dulces y«onser- 
^r«^ VtManar yiÉ afc a a*Mvia. 



( 49 ) 

El comercio de Santander ea mni Taste. Por aa puerto aalm laa harinia 
linas y de aegonda clase para América y Eoropa, valoándoae aimalmnte 
en 42,000 barricas Una prueba del comercio de esta ciudad son loa eatadoa 
de stt Tribmial del Consolado, por los cuales se vé que en él año 1803 su 
Aduana cobró 3,000,000 de reales de vellón, solamente del derecho de uno 
por «iento de loa objetos de entrada y salida. 



PRINCIPADO DE ASTURIAS. 

AGRICULTURA.— Hai en sus términos parages mui fértiles en granos ; 
entre ellos merece particular atención el trigo etcanda que dá una harina sqs- 
tanciosa y sumamente blanca. Las cosechas asombrosas de castañas y nue- 
ces forman una parte de su comercio ; y á mni poca costa se podría también 
cultivar la de avellanas. 

HISTORIA NATURAL.— Las montañas están cubiertas de bosques, de 
árboles de todas especies, y particularmente buenas encinas, que sirven para 
la construcción de navios y casas. En los mismos montes se encuentran 
también minas de plomo, de cobre, de yerro, de magnesia, de carbón, arséni- 
co, cobalto, lápiz, cristal de roca, hematites y diferentes variedades de már- 
mol y piedra dura. 

FABRICAS Y COMERCIO.— Hai ftbricas de diferentes especies de 
tejidos de lana para vestidos de uso particular para el país, ademas de las 
cualea se encuentran once 6 doce herrerías y martinetes propios para tmbajar 
laterías de cocina y clavos, y otros para las obras de cobre : una filíbrica de 
municiones pera los arsenales, y un almacén de armas. 

El comercio consiste en telas de muchas calidades, que se consumen en 
el mismo principado y en d interior del reino ; en castañas y nneoes, cuya 
exportacbn es mui considerable ; en pescado salado y cidra, que es un objeto 
de exportación importante, y se embarcan para la América hasta 88,000 arro- 
bas de dicho lieor, y muchas muelas de molino que se envian al extrangero. 



REINO DE GALICIA. 

AGRICULTURA.— Este país abunda en encinas, nogales, castaños, ave- 
llanos, trigo, cebada, centeno, cáñamo, y vino. 

FABRICAS, INDUSTRIA Y COMERCIO.— Las principales ftbricas 
de Galicia consisten en todo género de curtidos, lencería y mantelería, paños 
comunes, colchas, gorros y sombreros. En el territorio de Mot^orUt conda- 
do de Lemoa, se han establecido mannfacturas de seda que dan uniproducto 
importante. 

HISTORIA NATURAL^Hai minas de estaño, cobre y plomo que rin- 
denmuoho provecho. Loa montea que están entre la Coruña y Btiamoa 
ofieoen preciosos mármoles, vitriolo, aznfie y gruesa madera para k oooftruo- 
eion de navioa. 



( » ) 

REINO DE LEÓN. 

AGRICtJLTURA..-— Todo el terreno de esta provincm prodttoe trigo en 
gran copia, garbanzos excelentes y modio lino ; en la parte meridional ^ 
ella se coge abundancia de vino ; y en loe contornos de Arta$ es n«d abnn^ 
dante el liquen islándico, cuya planta íbrma nn ramo de comercio. 

COMERCIO.— >£1 de este reino es todo pasivo. 



CASTILLA LA VIEJA, 

AGRICULTURA. — Algunos partidos de esta provincia tienen ana ferti- 
lidad extraordinaria, y mucha variedad de producciones ; eomo el de Burébtíf 
<|ue es mui abundante en frutos, y está lleno de nogales, ohnos, chopos y 
otros árboles. Ía Ri<^a es también riquísima en frutos de toda especie, y 
en granos y vino ; también abunda en cáñamo y lino. CñsHUa la Vtefa abun- 
da generalmente engañado lanar, que dá una lana de primera calidad. 

MANUFACTURAS.— La provincia de Segovia tiene manuláctnras de 
pple^ría y paños finísimos y comunes, que consumen al año sobre 6,000 qmn- 
tales de lana. También hai allí una ftbrica de loaa; y en MurgM se fabri- 
cap inedias de estambre que son rani estimadas. En Avila se hacen tolas de 
algodón. En VáUadoUd y Burgos sa3rales y flanelas, y gran número de 
mantas de lana. En la Cartuja éd Paular se fabrica pape! blanco. Se en- 
cuentran muchos hornos de vidrio, y los mejores están en Pajarejo y Re- 
cuenco, 

COMERCIO.— El extrangero extrae 4,000 quintales de la rubia que se em- 
pieza á cultivar én Castilla la Vieja. De lana se extraen sobre 40,000 quin- 
tales, ya para las provincias vecinas, ya para el extrangero. 

HISTORIA NATURAL.— Cerca de Eíoomy y de Cotmenar Viefo, se 
hallan minas de ccbre, y en este último pueblo hai una mina de azabache, y 
muchas piritas muriates. Se encuentra también azabache en abundancia 
cerca del nacimiento del Mamanares. 



PROVINCIAS OG ESTREMAOUIIA. 

A<9WCU|;rURA^^Ii» prodnficloiMe é^ mt^ país sen trigo y eenteao. 
Hai «dsBtBui muehoa olirca m ikñof ; uwbw viñ«s eq 7}davera ¡a V^ja \ 
plantíos numerosos de robles, castaños y otros árboles, en las cercanías de 
Tidavwm entw Qroiw y Avnfodel Puarofi» y «ar«;9 de tterhas, de Safios y 
de Wgav. 

MANUFAOTURAS Y COMERCIO-^Lat mwuAtctaraaqueeaiiteQeo 
esta Provincia son una fábrica de sombreros en Badajoz, dos en Zafi^, ui^ 
grande número de tenerías en Zafra y en Cazar de Caceres, algunos telares 
de paños medianos en Herbas, y de «fdi«arios en Bejar. £1 comercio de esta 
ciudades entenfunente pasivo. 



( 51 ) 

HISTORIA NATURAL.--La8 prodaccionei natoralefl son minas de co- 
bre, pbmo, cristales, piedra fosfórica, hierro ; una mina negrizca, un esme- 
ril bruñido sin granos cerca de Alcocer, y contiene algo de oro ; y minas de 
plata. 



ANDALUCÍAS. 

AGRICULTURA.— Las Andahicias producen muchos y esquisitos vinos, 
por lo que se las mira como la bodega mas apreciable de España. Los Tinos 
TWno, Moscatel y Pedro CUmenez son los mas esquisitos de Málaga : los de 
Jerez y Roía son tan licorosos como aquellos. La cosecha de la aceituna es 
tan rica como prodigiosa en los cuatro Reinos de Andalucía. Las de Estepa 
y cercanías de Sevilla son famosas. Las de Alcalá de Guadaira son las mas 
gruesas de la Europa y las propias para salar. 

MANUFACTURAS Y FABRICAS.— En Andalucía se fabrica paños 
finos y ordinarios, toda clase de manufacturas de lana, como sargas, bayetas, 
estameñas, gerga&c. Hai manufacturas de telas de seda y lencería que se 
mejoran diariamente. Las hai también de hilados de algodón, pieles, cueros 
y corregeria, papel blanco y de estraza, telas estampadas, naipes, salitre, 
pólvora, tabaco, esparto, azúcar &c. 

COMERCIO.— Del puerto de Santa María se esporta pUmo^ harríUoy sota 
y esparto^ que pasa á Francia. Málaga hace un comercio considerable con 
Italia, Inglaterra, Holanda, y Hamburgo, á donde envía una gran cantidad 
de vino, frutas secas, zumaque^ gualda, aceite, pasas, naranjas, limones, 
almendras, y otras producciones, valuándose su esportacion año común en 
mas de 3.300,000 pesos. 1a plaza de Cádiz no hace en el día la mitad del 
giro que en otro tiempo ; sin embargo su comercio con la Europa es aún mas 
considerable, esportando á Francia, Italia, Inglaterra y Hohmda aceite, vinos 
aguardiente, sáL^c, 

HISTORIA NATURAL.— Hai en Andalucía minas de oro, plata, plomo 
que dan 12,000 quintales anualmente, cobre, hierro imán, vitriolo, y otras 
muchas de varias especies de minerales inferiores. Se encuentran ademas 
mármoles esquisitos, serpentina verde, alabastros de varios colores, záfiros y 
ágatas, amatistas y granates. 

Omito la descripción de los productos de las F¡* 
lipinas, Habana y demás Colonias españolas en Asia 
y América por ser conocidos de todos. 

P. S. — La Barca Eolo^ procedente de Cádiz, ha 
traido los Reales Decretos que declaran abiertos 
los puertos de España á los buques de las Repúbli- 
cas Hispano-Americanas, que tienen Ministros en 
Madrid. La cuestión ya está sentenciada. Dios ha 
fallado ! ! ! 



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